El sistema endocrino no es inmune al impacto en la salud del cambio climático que los autores, en términos generales, dividen en dos categorías:
el impacto directo del calor y los eventos extremos y
los efectos indirectos provocados por alteraciones de nuestros ecosistemas como el suministro de alimentos o agua, transmisión de infecciones, pobreza y migración.
El director editorial y los directores adjuntos de The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism* convocan en un artículo especial de la revista a reparar en los resiultados que desde sus puntos de vista acarrea el cambio climático en la salud humana y en particular sus consecuencias para la endocrinología.
La editorial remarca que quizás los efectos más estudiados resultan de los disruptores endocrinos químicos ya que, según informan los autores, está demostrado que alrededor de 1 000 componentes químicos interfieren en aspectos de la acción hormonal.
Datos sólidos actuales vinculan la exposición a sustancias perfluoroalquiladas (PFAS) (1) que influyen en la obesidad, diabetes, calidad reducida del semen y el síndrome de ovario poliquístico.
Existen asociaciones similares para la exposición al bisfenol A, ampliamente utilizado en plásticos, y para plaguicidas organofosforados.
Los ftalatos (2), presentes en cientos de productos, incluidos pisos de vinilo, jabones y champús, también se han relacionado con trastornos reproductivos.
Los editorialistas afirman que la acción conjunta de las asociaciones profesionales de endocrinología pueden ofrecer evidencia para la reducción del uso de tales sustancias nocivas.
El material particulado (MP) de 2.5 micras o menos de diámetro (MP2.5 ) se emite durante la combustión de combustibles sólidos y líquidos, incluidos los que se usan para la generación de energía, calefacción doméstica y transporte.
Las partículas secundarias de MP2.5 también pueden formarse a partir de reacciones químicas de gases como el dióxido de azufre (SO2) y los óxidos de nitrógeno (NOx: óxido nítrico, NO y dióxido de nitrógeno, NO2).
El agravamiento del asma, la reducción de la función pulmonar y la muerte prematura por causas respiratorias y cardiovasculares, representan en general los principales efectos de MP2.5 en la salud humana.
Los autores agregan que el sistema endocrino también se afecta: la revisión por un reciente metaanálisis de 90 artículos publicados sobre el tema mostró que la exposición a MP 2.5 , y en menor medida la exposición a NO2, se asocia significativamente con la incidencia y prevalencia de diabetes mellitus tipo 2.
En personas con diabetes estable, la exposición a MP 2.5 también empeoraría los marcadores de homeostasis de la glucosa.
En sujetos normales expuestos a MP 2.5 aumentan los niveles de cortisol y catecolaminas, lo que acarrearía consecuencias mecánicas.
La función tiroidea también parece afectarse; informes de Europa, EE. UU. y Corea del Sur relacionan la exposición a MP2.5 libre en mujeres al principio del embarazo con niveles más bajos de tiroxina.
Un metaanálisis integral de la exposición ambiental y doméstica a MP2.5 sobre los resultados perinatales en 2019 indicaron que más de 2.5 millones de casos de bajo peso al nacer y casi 6 millones de partos prematuros en todo el mundo eran atribuibles a MP2.5.
Si bien la etiología es poco conocida, es difícil creer que la regulación endocrina de la interfaz materno-fetal no esté involucrada.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que no existe un nivel seguro para MP 2.5; sin embargo, estableció un límite de referencia para la protección de la salud a un promedio anual de 10 μg/m 3, mucho más bajo que las recomendaciones de las guías vigentes en cantidad de países.
Según datos en gran medida sustentados en un estudio de sujetos en la Antártida, muestran evidencia de un efecto más directo de la temperatura y el clima en la función tiroidea.
El llamado polar T3 syndrome (síndrome polar T3"), que puede continuar a la exposición al frío extremo, probablemente sea causado por un efecto directo sobre la 5′-desyodasa, que daría como resultado una conversión reducida de tiroxina en triyodotironina.
Más relevante es la disminución de los niveles de tirotropina (hormona estimulante de la tiroides) durante el verano en comparación con los meses de invierno, lo que da lugar a diferencias estacionales, por ejemplo, en la prevalencia del hipotiroidismo subclínico.
"El consumo de alimentos y el gasto energético son áreas en que la endocrinología debe ocupar un lugar central del debate. Esto devendría en el beneficio adicional de detener o incluso revertir algunos de nuestros principales problemas de salud, en particular la obesidad y la diabetes mellitus", escriben los autores de la editorial.
La agricultura actualmente representa un tercio de todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) equivalentes a 18 000 millones de toneladas de CO2 por año, siendo el metano del ganado y el NOx de los fertilizantes las principales fuentes de contaminación del aire.
Los autores afirman que "nuestro consumo de carne per cápita aumentó de 20 kg/año en 1961 a 43 kg/año en 2014 [NdeR: el artículo no menciona los países que incrementaron el consumo, ni el tipo de carne que ingieren ni su forma de elaboración], tiempo durante el cual las tasas de obesidad se duplicaron en la mayoría de las sociedades occidentales, alimentando una pandemia de diabetes mellitus y, con ella, la muerte prematura por enfermedades cardiovasculares y algunos cánceres".
"Aquí radica una de las principales causas de la desigualdad en salud, ya que la prevalencia de la obesidad es más alta en los grupos más desfavorecidos. La pobreza alimentaria genera insumos más baratos, ricos en energía, grasas y azúcares, los que a su vez contienen numerosos aditivos".
El cambio de comportamiento puede tener un gran impacto. Evitar el consumo excesivo y lograr un mejor equilibrio entre los alimentos de origen animal y vegetal arrojaría beneficios tanto para la salud como para el clima.
Cumplir con las recomendaciones nutricionales de la OMS en nuestra dieta diaria daría como resultado una reducción del 17 % en las emisiones de GEI relacionadas con la dieta y del 50 % en las emisiones agrícolas, lo que conduciría a una reducción adicional del 19 % en la mortalidad por contaminación del aire causada por MP.
La actividad diaria que regula el índice de masa corporal ocupa el otro espacio de la “ecuación energética”.
Aumentar el ejercicio con caminatas y bicicleta en reemplazo del transporte motorizado reduce las emisiones de GEI y, por lo tanto, puede tener un efecto clave tanto en el medio ambiente como en la salud personal.
Los datos del Biobanco del Reino Unido muestran que los ciclistas activos tienen una reducción de ~50 % en la mortalidad por todas las causas y las enfermedades cardiovasculares.
Esta es una descripción breve y general de problemas desafiantes. Los endocrinólogos deben ser parte de la conversación para influir en los futuros cambios.
Finalmente, convocan a "ser conscientes de nuestra huella de carbono personal en todo lo que hacemos".
Los bloqueos impuestos por la pandemia de COVID-19 tuvieron la consecuencia imprevista de reducir sustancialmente los niveles de NO2 y PM2.5 en gran parte del mundo, lo que destaca el potencial para reducir el efecto de las actividades diarias contaminantes en el medio ambiente. Entre ellas mencionan a la necesidad del viaje al trabajo respecto a la posibilidad del trabajo híbrido; la necesidad de consultas presenciales en lugar de practicar la telemedicina y los viajes aéreos a reuniones frente a eventos de redes virtuales.
Para concluir recomiendan que "todos podemos adoptar decisiones que, al reducir las emisiones de GEI, beneficiarán nuestras propias vidas mientras beneficiamos las vidas de los demás"
* The Journal of Clinical Endocrinology & Metabolism
Environmental Pollution, Climate Change, and a Critical Role for the Endocrinologist
Paul M Stewart, Raghavendra G Mirmira, Ursula B Kaiser
Volume 106, Issue 12, December 202
https://doi.org/10.1210/clinem/dgab721
Aclaraciones:
1- Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés) son un grupo de agentes químicos que desde 1940 se fabrican y utilizan en una variedad de industrias de buena parte del mundo.
Los más producidos y estudiados persisten en el medio ambiente y en el cuerpo humano; es decir, no se degradan y pueden acumularse con el paso del tiempo. Existe evidencia de que la exposición a ellos puede causar efectos perjudiciales a la salud humana.
2- Los ftalatos, o ésteres de ácido ftálico, son un conjunto de más de 80 compuestos químicos sintéticos cuya función principal es la de dar mayor flexibilidad y elasticidad a los polímeros rígidos.
Están presentes en envases de plástico o en algunos utensilios de cocina con plásticos o materiales antiadherentes, por citar algunos artículos relacionados con la alimentación, pero también, por ejemplo, en múltiples productos de cosmética , para hacerlos más persistentes (perfumes, lacas o cremas para la piel).
