En individuos con hipertensión o hipercolesterolemia, el menor consumo de alimentos ultraprocesados o productos con etiquetado frontal de advertencia, reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular.
El artículo publicado en The American Journal of Clinical Nutrition * analiza la asociación entre el consumo de alimentos ultraprocesados o con etiquetado frontal de advertencia (EFA), el uso de medicación antihipertensiva y/o hipolipemiante y el riesgo de enfermedad cardiovascular en adultos con hipertensión y/o hipercolesterolemia.
Ultraprocesados y riesgo cardiovascular
Las enfermedades cardiovasculares (ECV) constituyen una de las principales causas de morbimortalidad y generan una carga sanitaria y económica considerable. En Canadá, la reciente implementación de EFA para alimentos preenvasados con alto contenido de grasas saturadas, sodio o azúcares, busca reducir el consumo de nutrientes vinculados a afecciones cardiovasculares. Sin embargo, la evidencia creciente sobre los efectos adversos de los alimentos ultraprocesados plantea interrogantes sobre si la identificación de alimentos nocivos resulta suficiente cuando solo está basada en la composición nutricional.
La identificación adecuada adquiere especial relevancia en individuos con hipertensión o hipercolesterolemia, en quienes son fundamentales las modificaciones dietarias para la prevención cardiovascular. No obstante, la creciente utilización de terapias farmacológicas podría desplazar la adherencia a hábitos saludables, situación que plantea la necesidad de evaluar la interacción entre dieta y medicación.
Características de la investigación
El estudio prospectivo utilizó la cohorte poblacional CARTaGENE (Québec, Canadá), que incluyó adultos de 40 a 69 años con hipertensión y/o hipercolesterolemia y sin antecedentes de enfermedad cardiovascular, diabetes o cáncer al inicio. Los datos basales (2009–2010) incluyeron información sociodemográfica, clínica y antropométrica.
El cuestionario de frecuencia alimentaria utilizado por los autores (Canadian Diet History Questionnaire II - CDHQII) permitió evaluar la ingesta dietaria en 2011–2012 para calcular la frecuencia y tamaño de las porciones de los alimentos consumidos en los 12 meses previos a su realización.
Los alimentos integraron las categorías de:
a) ultraprocesados, según la clasificación NOVA que agrupa los alimentos de acuerdo al grado y propósito del procesamiento industrial y
b) productos con EFA, categorizados en base a los criterios de Health Canada, el organismo federal de salud del país.
El porcentaje del total de gramos diarios correspondió al consumo de los alimentos. El uso de medicación antihipertensiva y/o hipolipemiante derivó de la información autoinformada y los registros de fármacos.
La vinculación con bases de datos administrativas provinciales facilitó el seguimiento de ECV (infarto de miocardio, evento cerebrovascular o muerte cardiovascular) hasta el 31 de diciembre de 2021.
Las asociaciones entre el consumo de alimentos de interés, el uso de medicación y el riesgo de enfermedad cardiovascular provino de modelos de riesgos proporcionales de Cox ajustados por múltiples factores (edad, sexo, nivel socioeconómico y variables de estilo de vida).
El estudio analizó tanto los efectos independientes como las asociaciones conjuntas y las posibles interacciones entre dieta y tratamiento farmacológico.
Datos elocuentes
La muestra incluyó 2.123 participantes: 1.258 hipertensos y 1.334 hipercolesterolémicos, con una proporción importante bajo tratamiento farmacológico.
Los alimentos ultraprocesados representaron en promedio el 15,2% del peso total de la dieta y el 40,9% de la ingesta energética diaria, mientras que los alimentos con EFA aportaron proporciones similares en peso (15,3%) y ligeramente menores en calorías (37,6%).
El grupo con mayor ingesta energética y a valores más altos de grasas saturadas y sodio, pero no de azúcares, presentó más hombres, mientras en el de menor consumo prevalecieron mujeres.
Aunque la frecuencia de hipertensión sobresalió en el grupo de menor consumo, la hipercolesterolemia y el uso combinado de medicación alcanzaron frecuencias inferiores.
El seguimiento promedio llegó a los 9,31 años, con 179 eventos cardiovasculares ocurridos durante el período e incidencia aproximada de 9 por cada 1000 personas por año.
La reducción del 10% en el consumo de alimentos ultraprocesados mostró menor riesgo de ECV; los alimentos con EFA presentaron una asociación similar.
La disminución en el consumo total de alimentos de riesgo (ultraprocesados con o sin EFA) también aparejó menor riesgo, con efecto marcado en los que combinaban las dos opcionescaracterísticas, tanto en individuos hipertensos como hipercolesterolémicos.
Los participantes tratados con medicación presentaron mayor edad, índice de masa corporal y frecuencia de hipercolesterolemia.
El tratamiento antihipertensivo no mostró asociación con menor riesgo cardiovascular, a pesar de los valores más bajos de presión arterial, mientras la reducción del riesgo quedó vinculada a la medicación hipolipemiante.
La dieta y la medicación no mostraron interacción con el riesgo cardiovascular, hecho que para los autores indica que el efecto beneficioso de la menor ingesta de alimentos riesgosos es independiente del tratamiento farmacológico.
Implicancias clínicas
El menor consumo de alimentos ultraprocesados y/o con etiquetado frontal de advertencia muestra asociación con menor riesgo cardiovascular en individuos con hipertensión o hipercolesterolemia; para los autores, el efecto, al ser independiente de la medicación, refuerza el papel central de la alimentación en la prevención cardiovascular.
Los resultados apuntalan tanto la reducción de ultraprocesados como las estrategias complementarias que incluyen etiquetado frontal.
La ausencia de interacción con la medicación indica que las intervenciones dietarias aportan beneficios adicionales y no reemplazables por el tratamiento farmacológico.
Limitaciones reconocidas
Los autores enumeran los límites de su trabajo:
a) la evaluación de la dieta en un único momento acota la capacidad para reflejar cambios a lo largo del tiempo y puede introducir errores de medición;
b) el cuestionario de frecuencia alimentaria, sin diseño específico para clasificar el grado de procesamiento; de igual manera que el EFA;
c) la información sobre medicación proviene de registros iniciales, no cantempla las modificaciones ocurridas durante el seguimiento;
d) la categorización dicotómica del uso de fármacos reduce el detalle sobre la intensidad del tratamiento y
e) la participación voluntaria en el cuestionario dietario introduce posibles sesgos de selección.
Fortalezas del estudio
La vinculación con una base de datos administrativa de salud y el mismo algoritmo validado para la detección de eventos que usa el Instituto de Salud Pública de Quebec, ofrecen elevada confianza para reconocer eventos incidentes. Por último, los numerosos análisis de sensibilidad realizados para cuestionar supuestos no revelaron inconsistencias importantes.
* The American Journal of Clinical Nutrition
Foods of concern, cardiopreventive medication use and risk of cardiovascular diseases: a prospective study in the CARTaGENE cohort
Leblay, L., Lessard-Lord, J., Khandpur, N., Paquette, J.S., Drouin-Chartier, J.P.
Abril de 2026
DOI: 10.1016/j.ajcnut.2026.101234
