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Notable incidencia de los conservantes alimentarios en la hipertensión y enfermedades cardiovasculares
European Heart Journal Seine-Saint-Denis, Francia 28 Mayo, 2026

El consumo de alimentos que contienen aditivos conservantes comunes puede aumentar el riesgo de padecer hipertensión arterial y enfermedades cardiovasculares.

El artículo publicado en la revista European Heart Journal  * cuantifica de forma exhaustiva la acumulación temporal de conservantes totales, los aditivos alimentarios no antioxidantes y antioxidantes también totales (análisis principales) y sustancias específicas (análisis secundarios) para examinar sus asociaciones con la incidencia de enfermedades cardiovasculares e hipertensión. El análisis abarcó una amplia cohorte prospectiva con datos dietéticos detallados.

Los conservantes alimentarios se utilizan en cientos de miles de alimentos procesados industrialmente. Si bien los estudios experimentales sugieren que algunos aditivos pueden ser perjudiciales para la salud cardiovascular, los autores advirtieron la falta de suficiente evidencia sobre el impacto de tales ingredientes en los seres humanos y llevaron adelante el que consideran primer estudio en su tipo que investiga la relación entre la amplia gama de conservantes y la salud cardiovascular.

El ensayo, integrante del amplio ensayo NutriNet-Santé, reunió 112.395 voluntarios representativos del conjunto de Francia quienes, cada seis meses, informaron a los investigadores todo lo que comieron y bebieron en períodos de tres días, que fueron sometidos a exámenes detallados, sin exceptuar los conservantes. Además, el seguimiento promedio de siete a ocho años de los voluntarios, les permitió observar si desarrollaban hipertensión o alguna enfermedad cardiovascular.

La gran cohorte prospectiva reveló múltiples asociaciones positivas entre la exposición a aditivos alimentarios conservantes de consumo generalizado, considerados seguros durante mucho tiempo bajo la normativa vigente, y la mayor incidencia de hipertensión y/o ECV, ACV y CHD. Estos hallazgos pueden tener importantes implicaciones para la salud pública, ya que los consumidores están expuestos a estos compuestos a través de miles de alimentos y bebidas.
Los resultados no objetan las guías dietéticas basadas en alimentos de la dieta mediterránea, sino que las complementan. Los autores consideran no solo la importancia de consumir cantidades suficientes de frutas, verduras, pescado, legumbres y fibra, y limitar la ingesta de carnes procesadas, sal, etc., sino que también parece preferible favorecer las versiones frescas y mínimamente procesadas de esos productos, como recomienda oficialmente el programa francés de salud nutricional. Las dos concepciones se complementan. 
Es decir, los hallazgos del trabajo respaldan las recomendaciones existentes de priorizar los alimentos no procesados y mínimamente procesados con el fin de evitar aditivos innecesarios.
Los médicos, y profesionales de la salud en general, desempeñan un papel fundamental a la hora de explicar a la población las recomendaciones alimentarias pertinentes. 
El trabajo remarca que los conservantes pueden causar estrés oxidativo o afectar el funcionamiento del páncreas.
Para lograr una mejor protección del consumidor, los resultados aconsejan reevaluar los riesgos y beneficios de los aditivos alimentarios por parte de las autoridades regulatorias competentes, como la EFSA, en el caso de Europa y FDA de EE. UU.

Evidencias obtenidas
Los anteriores estudios de cohortes, basados principalmente en carnes procesadas, carecían de datos de exposición a aditivos alimentarios, por la ausencia de información específica de la marca y a la variabilidad en la composición de los aditivos entre productos del mismo tipo pero de diferentes marcas. 

La evaluación del consumo detectó que el 99,5% de los voluntarios habían incorporado al menos un conservante alimentario en los dos primeros años de participación. En general, descubrieron que los consumidores de mayor cantidad de conservantes no antioxidantes registraban, en comparación con quienes consumían menos, un 29 % y 16 % más de riesgo de hipertensión y de enfermedades cardiovasculares, respectivamente, con predominancia de infarto, evento cerebrovascular y angina de pecho. 
Las personas que consumían la mayor cantidad de conservantes antioxidantes tenían un 22 % más de riesgo de hipertensión.

La inclusión de conservantes no antioxidantes impide el crecimiento de moho y bacterias, entre otros microbios, mientras los antioxidantes al frenar frenar la oxidación logran que el alimento adquiera sabor y olor desagradables. 
El análisis de los 17 conservantes prevalentes encontró que ocho estaban específicamente relacionados con la hipertensión; a saber:
sorbato de potasio (E202), metabisulfito de potasio (E224), nitrito de sodio (E250), ácido ascórbico (E300), ascorbato de sodio (E301), eritorbato de sodio (E316), ácido cítrico (E330) y extractos de romero (E392). La relación directa con enfermedades cardiovasculares también correspondió al ácido ascórbico.

El estudio presenta algunas limitaciones inherentes a su diseño observacional; sin embargo, los datos precisos contemplaron diversos factores capaces de aumentar o disminuir el riesgo de enfermedad cardiovascular.

Los investigadores anticipan que continúan el estudio de cómo los aditivos alimentarios y alimentos ultraprocesados pueden afectar los signos de inflamación, el estrés oxidativo, el perfil metabólico en la sangre y la microbiota intestinal. La comprobación ayudaría a comprender el porqué los aditivos influyen en el riesgo de las enfermedades mencionadas.


* European Heart Journal
Preservative food additives, hypertension, and cardiovascular diseases: the NutriNet-Santé study
Anaïs Hasenböhler, Guillaume Javaux, Marie Payen de la Garanderie, Fabien Szabo de Edelenyi, Paola Yvroud-Hoyos, Cédric Agaësse, Alexandre De Sa, Inge Huybrechts, Fabrice Pierre, Xavier Coumoul, Léopold K Fezeu, Pilar Galan, Jacques Blacher, Chantal Julia, Benjamin Allès, Serge Hercberg, Benoit Chassaing, Mélanie Deschasaux-Tanguy, Bernard Srour, Mathilde Touvier
20 de mayo, 2026
https://doi.org/10.1093/eurheartj/ehag308

Filiación de los autores y autoras:

Université Sorbonne Paris Nord and Université Paris Cité, INSERM, INRAE, CNAM, Centre for Research in Epidemiology and StatisticS (CRESS), Nutritional Epidemiology Research Team (EREN), 74 rue Marcel Cachin, Bobigny, Seine-Saint-Denis, Francia.
Nutrition and Cancer Research Network (NACRe network, https://www.reseaunacre.eu/nacre-network), Jouy-en-Josas, Yvelines, Francia.

International Agency for Research on Cancer, World Health Organization, Lyon, Rhône, Francia.

Toxalim (Research Centre in Food Toxicology), Université de Toulouse, INRAE, ENVT, INP-Purpan, UPS, Toulouse, Haute-Garonne, Francia.

5INSERM T3S, UMR-S 1124, Université Paris Cité, París, Francia.

Diagnosis and Therapeutic Centre, Hôtel-Dieu University Hospital, Assistance Publique-Hôpitaux de Paris (AP-HP), Paris Cité University, París, Francia.

Public Health Department, Groupe Hospitalier Paris-Seine-Saint-Denis, Assistance Publique-Hôpitaux de París (AP-HP), Bobigny, Seine-Saint-Denis, Francia.

Microbiome-Host Interactions, Institut Pasteur, INSERM U1306, CNRS UMR6047, Université Paris Cité, París, Francia.

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