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Australia: un servicio público de "detección y tratamiento" redujo a la mitad la preeclampsia prematura
Australian and New Zealand Journal of Obstetrics and Gynaecology (ANZJOG) Sidney, Australia 12 Septiembre, 2026

Noticia biomédica en proceso editorial, 12 de septiembre; aSNC.

La implementación de un modelo de atención médica pública prenatal permitió reducir en un 49% las probabilidades de preeclampsia prematura (antes de las 37 semanas) y en un 57% los casos de preeclampsia materna grave, en comparación con la atención estándar previa basada en antecedentes clínicos.

La intervención puede sostenerse y ser aceptada en un sistema de salud pública, más allá de los entornos privados o de alta complejidad.

El artículo que publica la revista Australian and New Zealand Journal of Obstetrics and Gynaecology (ANZJOG)* describe las diferencias tanto en los resultados clínicos vinculados a la preeclampsia como en los indicadores de prestación del servicio público.
Al constatar los autores que la combinación de factores maternos, presión arterial media, Doppler de arterias uterinas y marcadores bioquímicos, demostró ser superior a los métodos basados solo en antecedentes, su incorporación a los sistemas de salud enfrenta barreras de infraestructura, costos, capacitación del personal y acceso desigual al control prenatal temprano.
En Australia la validez del modelo había sido probada mayormente en el sector privado o en centros urbanos bien dotados de recursos, con poca evidencia de su viabilidad en el sistema público que utiliza la población general. Sobre esa base, y habiendo descrito previamente el proceso de implementación del servicio Evaluación y Planificación Inicial de la Maternidad (Initial Maternity Assessment and Planning - IMAP), los autores llevaron a cabo el estudio para resolver la escasez de datos.

Detalles del trabajo
Los investigadores realizaron un análisis retrospectivo de datos recolectados y de los resultados de embarazos únicos de mujeres residentes en el área de cobertura de un servicio obstétrico de tercer nivel. Conformaron una cohorte histórica con la primera visita a un proveedor especialista realizada entre julio de 2017 y junio de 2019, antes de la implementación de IMAP, cuando la atención estándar dependía de médicos de cabecera y de la percepción individual de riesgo para derivar a la paciente.
Al cabo de dos años de la instalación del nuevo servicio, organizaron una cohorte contemporánea con visitas iniciales entre julio de 2021 y junio de 2023, en la que las pacientes recibían, dentro de la ventana óptima de 11 a 14 semanas, una ecografía detallada, revisión de antecedentes y cálculo del riesgo, con recomendación de aspirina a las mujeres identificadas como de alto riesgo.
Los datos de nacimiento se obtuvieron de los registros electrónicos obligatorios del estado de Nueva Gales del Sur, y todos los casos de preeclampsia prematura fueron confirmados de forma independiente por un investigador desconocido por la cohorte de origen, para reducir el sesgo de detección.

En los resultados, participaron 5.004 mujeres en la cohorte histórica y 6.036 en la contemporánea. Esta última mostró una edad materna e índice de masa corporal levemente mayores, más primiparidad y menor tabaquismo, además de una diferencia central para el estudio: la primera visita especializada ocurrió, en mediana, a las 12 semanas de gestación, frente a las 20 semanas del grupo histórico.
Los casos de preeclampsia prematura cayeron del 0,91% al 0,60% y los de preeclampsia grave, del 0,38% al 0,20%, ambas diferencias estadísticamente significativas. No se hallaron cambios significativos en la preeclampsia de inicio precoz (antes de las 32 semanas), en la preeclampsia a término, en el bajo peso al nacer ni en los eventos adversos asociados potencialmente al uso de aspirina, como la hemorragia posparto grave o el desprendimiento de placenta.
En cuanto a la prestación del servicio, la tasa de cribado positivo bajó del 9,1% al 7,3% con el enfoque híbrido implementado, mientras que la recomendación de iniciar aspirina antes de las 16 semanas —clave para su eficacia preventiva— pasó de cumplirse en apenas el 23,9% de las mujeres de alto riesgo en la cohorte histórica al 77,8% de la cohorte contemporánea, llegando al 98,2% entre las mujeres evaluadas dentro de la ventana óptima.

Los autores interpretan sus hallazgos como una señal de que el modelo IMAP es sostenible y aceptado por la población: cerca de dos tercios de los embarazos elegibles llegaron a la consulta antes de las 14 semanas durante los dos años analizados.
Pese a que la adherencia clínica a la recomendación de aspirina fue muy alta, llama la atención de los autores que, tanto la tasa de cribado positivo como la incidencia global de preeclampsia prematura y de inicio precoz, resultaron más bajas de lo reportado por la bibliografía existente. Los investigadores atribuyen la causa a diferencias demográficas con las poblaciones de otros estudios —con menor proporción de mujeres mayores, nulíparas o con hipertensión y diabetes preexistentes— y a que en el 17,17% de los casos evaluados con el modelo matemático desarrollado por la Fetal Medicine Foundation - FMF (Fundación de Medicina Fetal) no contó con resultados del biomarcador Factor de Crecimiento Placentario (PlGF, siglas en inglés), lo que reduce la sensibilidad del cribado. Los autores sugieren que la falta de disponibilidad podría deberse a la ausencia de financiamiento público universal para esa prueba bioquímica, lo que generaría desconocimiento entre los médicos de cabecera, costos de bolsillo que desalientan realizarla o falta de oferta por parte de algunos laboratorios.

Más allá del hallazgo principal, el equipo destaca que la baja incidencia basal de preeclampsia prematura observada refuerza el argumento a favor del enfoque más amplio de IMAP, que aprovecha la consulta temprana y multidisciplinaria para intervenir sobre un abanico de riesgos como anomalías fetales, aneuploidías, parto prematuro, restricción del crecimiento fetal, diabetes gestacional, tromboembolismo venoso, consumo de sustancias y vulnerabilidades psicosociales, que comparten mecanismos placentarios subyacentes similares.

Los autores consideran que el esquema coordinado podría facilitar la incorporación ágil de futuras estrategias preventivas de base poblacional, como el testeo prenatal no invasivo para el estado Rhesus fetal o el cribado de citomegalovirus congénito en el primer trimestre. Aun así, remarcan que en Australia solo el 76% de las mujeres elegibles accede actualmente a algún control en el primer trimestre dentro de las vías de atención existentes, mayoritariamente lideradas por médicos de cabecera, por lo que persisten desafíos de equidad en el acceso a las intervenciones tempranas.

Entre las limitaciones, los autores reconocen en primer lugar, que el diseño observacional de tipo "antes-después", no permitió establecer una relación causal definitiva entre la implementación del servicio y la mejora observada, puesto que la cohorte contemporánea difería de la histórica en varias características que podrían reflejar otras tendencias temporales en la práctica clínica. También señalan que el estudio no pudo verificar la adherencia individual de las mujeres al tratamiento con aspirina y que la muestra no tuvo el tamaño necesario para detectar con solidez estadística cambios en el desenlace secundario de preeclampsia de inicio precoz. Por último, aclaran que no analizaron las causas de los retrasos en la derivación o en la primera consulta.


* Australian and New Zealand Journal of Obstetrics and Gynaecology (ANZJOG)
Improving Clinical Outcomes Related to Preeclampsia: Real-World Impacts of Implementation of a Redesigned Approach to Antenatal Care—The Initial Maternity Assessment and Planning (IMAP) Service
Ailsa Borbolla Foster, Harriet Calvert, Madeleine Hinwood, Caroline Kuhne, Jennifer Haxton, Nicole
ennett, Jon Hyett, Felicity Park
6 de septiembre, 2026

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