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La prevención del consumo de alcohol debe quedar en manos y ser controlada por profesionales especializados sin conflictos de interés con la industria
Adicciones~ Barcelona, España 12 Octubre, 2026

Ilustración artística: Ricardo Cruz Fuentes, ¡Súper amigos!, óleo sobre madera, 2015.

Los jóvenes universitarios asocian el consumo «responsable» o «moderado» de alcohol con cantidades que superan los umbrales de riesgo de la Organización Mundial de la Salud, especialmente en contextos festivos. Por ello, los mensajes preventivos no deberían quedar en manos de la industria, sino de profesionales especializados en la prevención de las adicciones.

El artículo que publica la revista Adicciones * analiza cómo interpretan los jóvenes los mensajes de «consumo responsable» y «consumo moderado» que la industria del alcohol difunde en su publicidad. El estudio concentró sus objetivos en examinar las percepciones de los participantes y los umbrales concretos, expresados en gramos, que asignan a esas categorías y al consumo de riesgo.

Mensajes bajo sospecha
La ingesta de alcohol en adolescentes y adultos jóvenes constituye una preocupación sanitaria de primer orden, vinculada a numerosas consecuencias adversas para la salud y a problemas sociales que dificultan el pasaje a la adultez. En España, alrededor del 62% de las personas de 15 a 24 años bebió alcohol en el último mes; el 1,3% lo hizo a diario y cerca del 10% mostró un consumo de riesgo.
El comportamiento de los jóvenes frente a la bebida depende de una compleja trama de factores. Intervienen las normas sociales, la influencia de los pares, el entorno familiar, los aspectos emocionales, los espacios de ocio y la disponibilidad de la sustancia. La amplia accesibilidad no solo eleva el consumo, sino que contribuye a su normalización social. 

La publicidad representa otro motor decisivo. Estudios longitudinales y revisiones sistemáticas demostraron que la exposición a anuncios de bebidas alcohólicas se asocia con un inicio más temprano, mayores niveles de ingesta y patrones más peligrosos. Como respuesta, la industria adoptó estrategias de autorregulación basadas en lemas como «bebe con responsabilidad» o «consumo moderado». 
Esos mensajes, sin embargo, resultan ambiguos y no han demostrado reducir la ingesta. Los conflictos de intereses de sus emisores tienden a normalizar la bebida y a presentarla como segura, lo cual difumina la frontera entre moderación y riesgo. A ello se suma la baja percepción del peligro entre los jóvenes, factor clave en el inicio y el mantenimiento del hábito. Pese a la difusión de esas consignas, faltaban datos sobre cómo se traducen en cantidades concretas.

Experimentos con vasos
Los investigadores diseñaron un experimento basado en viñetas con 242 estudiantes de ciencias de la salud y ciencias sociales, asignados al azar a cinco escenarios. Dos preguntaban por el consumo responsable o moderado en general, otros dos por esas mismas conductas en una fiesta y el quinto por la cantidad considerada de riesgo en una sola ocasión. 
Cada participante recibió botellas con agua coloreada, etiquetadas como cerveza, vino o licores, además de vasos y hielo, y armó por su cuenta la bebida correspondiente a su escenario. El equipo midió luego los volúmenes con probetas calibradas y los convirtió en gramos de alcohol. Un cuestionario posterior, que incluía el test AUDIT-C, identificó a los bebedores de riesgo.

Los grupos resultaron comparables en sus características. La mediana atribuida al consumo responsable o moderado en general alcanzó 26,4 gramos; en la fiesta ascendió a 33,5 gramos para el responsable y a 48,5 para el moderado. El umbral de riesgo se situó en 102,8 gramos por ocasión, con 137,1 gramos en los varones y 92,6 en las mujeres. Los bebedores de riesgo asignaron cantidades sistemáticamente mayores equivalentes a casi el doble en los escenarios de moderación.

Percepción y tolerancia
Las cantidades que los jóvenes consideran moderadas o responsables serían calificadas de riesgo por la Organización Mundial de la Salud, que fija el límite en 20 gramos para las mujeres y 40 para los varones. Además, las cifras crecen en un entorno festivo, y los bebedores de riesgo perciben la moderación como una ingesta todavía mayor, especialmente durante las salidas nocturnas.

El objetivo de cualquier industria es vender, meta que suele chocar con las estrategias de salud pública cuando el producto perjudica la salud. La publicidad asocia el alcohol con emociones positivas, deporte y amistad, y condiciona así la percepción de los consumidores. Según los autores, confiar en que los jóvenes definan por sí mismos la moderación no constituye una estrategia preventiva eficaz. El hallazgo coincide con las deficiencias detectadas en las etiquetas autorregulatorias.

La información sobre bebidas estándar y tamaño de las raciones solo resulta útil cuando forma parte de programas integrales de educación sanitaria. La eficacia de los mensajes varía según las características individuales; así es como, en el Reino Unido, apenas un tercio de los adolescentes recuerda haber visto advertencias en los envases durante el último mes.

La variabilidad de las percepciones según el patrón de consumo podría explicarse por la tolerancia. Quien bebe más necesita mayores cantidades para obtener los mismos efectos y juzga el problema por sus consecuencias inmediatas, lo que puede derivar en daños futuros. Investigaciones en universidades estadounidenses y en adultos canadienses describieron una menor percepción del daño entre los grandes consumidores.
Dada la profunda integración del alcohol en las normas sociales, los autores consideran prioritario reducir su accesibilidad y asequibilidad, y desnormalizar su consumo. Las estrategias deben atender, además, los factores de riesgo propios de los jóvenes, entre ellos las características del lugar de residencia.

Prevención en manos expertas
El trabajo, presentado como el primero que examina el significado real del consumo moderado y responsable, demuestra que los jóvenes traducen esas consignas en cantidades elevadas, propias de un consumo de riesgo. La brecha aumenta en las fiestas y entre quienes acostumbran beber de manera peligrosa. Esos mensajes publicitarios, por tanto, no cumplen una función preventiva y pueden resultar contraproducentes.

El hallazgo cobra relevancia en un país donde la mayoría de los jóvenes de 15 a 24 años bebió alcohol en el último mes y uno de cada diez presenta un patrón de riesgo. La exposición publicitaria favorece un inicio más temprano y una ingesta mayor. Las consignas de autorregulación, en lugar de contrarrestar ese efecto, contribuyen a normalizar la bebida y a confundir los límites del riesgo. 

La escasa percepción del peligro, la influencia de los pares y la amplia disponibilidad del alcohol refuerzan la necesidad de una respuesta sanitaria coordinada. Los autores concluyen que los mensajes preventivos sobre el consumo de sustancias no deben quedar a discreción de la industria. Deben ser diseñados y supervisados por profesionales especializados en la prevención de las adicciones, con base en la evidencia científica.

Entre las limitaciones, los autores señalan que la acotación de la muestra a 242 estudiantes universitarios podría comprometer la generalización de los resultados. Respecto al único ambiente, tanto los hábitos de consumo como el conocimiento de sus consecuencias pueden variar entre quienes no cursan estudios superiores. Además, la variable principal refleja umbrales percibidos, no el comportamiento real de los participantes.

 

* Adicciones
El verdadero significado del concepto de “consumo responsable” o “consumo moderado” en los jóvenes: Un estudio experimental
Albert Espelt, Xisca Sureda, Iñaki Galán, Aina Lafon-Guasch, Ester Teixidó-Compañó, Ester Colillas-Malet, Núria Obradors-Rial, Marina Bosque-Prous
Vol. 38 Núm. 3 (2026)

Filiación del primer autor:
Departament de Psicobiologia i de Metodologia de les Ciències de la Salut, Universitat Autònoma de Barcelona, España. 

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