Dr. Eduardo Cuesta;
Médico, máster en salud pública y doctor en filosofía; pediatra, neonatólogo académico;
Director y Editor científico de la Revista de la Facultad de Ciencias Médicas (RFCM) * de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.
Editorial **
La estabilidad poblacional global enfrenta hoy una transformación estructural sin precedentes en la historia de la humanidad. Por primera vez en el registro demográfico contemporáneo, la tasa global de fecundidad ha descendido por debajo del umbral crítico de reemplazo, el cual técnicamente se establece en 2,1 nacimientos por mujer. Este fenómeno, que inicialmente se interpretaba como una característica exclusiva de las economías avanzadas, se manifiesta ahora de manera sincrónica en naciones de ingresos medios y bajos, sugiriendo la existencia de determinantes globales transversales que operan más allá de las fronteras nacionales.
En contra a la percepción común que atribuye la baja natalidad a una supuesta pérdida de interés en la procreación —la denominada "falacia de la fertilidad"—, la evidencia científica sugiere una realidad marcada por expectativas sistemáticamente frustradas. Informes recientes del Fondo de Población de las Naciones Unidas revelan que, al analizar a individuos mayores de 50 años, el 31% tuvo menos hijos de los que originalmente consideraba ideales, en marcado contraste con el escaso 12% que tuvo más hijos de lo planeado. Esta brecha entre el deseo y la realización constituye una fuente significativa de malestar psicológico y existencial, impactando profundamente en la salud mental de las poblaciones. La confianza en la capacidad de concretar el ideal reproductivo es notablemente baja en el contexto actual; solo el 18% de las personas en edad fértil manifiesta seguridad en poder alcanzar el número de hijos deseado. Este panorama de postergación forzada debe ser abordado desde las políticas económicas, sociales y sanitarias como un problema de bienestar integral y autonomía reproductiva, trascendiendo las narrativas simplistas que se limitan a señalar una supuesta decadencia cultural. La frustración de los objetivos vitales debe ser tratada, por tanto, como un problema de salud pública de primer orden.
El descenso de la fecundidad no responde a una causa aislada, sino a una convergencia de barreras externas infranqueables. Al analizar los impedimentos materiales que condicionan esta brecha, los factores económicos emergen como los determinantes predominantes, superando con creces otras variables como la infertilidad biológica, la ausencia de pareja o el deseo de no procrear. Aproximadamente el 39% de los encuestados a nivel global señala la falta de recursos financieros adecuados como el principal obstáculo para la expansión familiar, mientras que la inestabilidad laboral afecta a un 21% de los casos, convirtiendo el compromiso a largo plazo que implica la crianza en un riesgo financiero percibido como inasumible. A estos factores de índole material se suma la crisis habitacional, que representa el 19% de las limitaciones; el incremento desproporcionado de los costos de vivienda respecto a los salarios medios actúa como un factor de exclusión efectivo, convirtiendo la procreación en una opción de lujo en lugar de una consecuencia natural del ciclo vital. Adicionalmente, la prolongación de los periodos de formación académica, fenómeno conocido como la "carrera educativa", obliga a los individuos a perseguir posgrados y especializaciones para asegurarse una posición en la clase media, lo cual retrasa inevitablemente la entrada al mercado laboral y, consecuentemente, la ventana de fertilidad biológica. A esto se añade la variable psicodinámica del weltschmerz o sentimiento generalizado de "tristeza del mundo", donde la incertidumbre existencial ante el cambio climático y el colapso ecológico, inhiben la esperanza en la humanidad y por ende, el compromiso reproductivo.
En el contexto regional, América Latina atraviesa una situación particular, con países que han descendido a niveles de fecundidad inferiores a los reportados en ciudades europeas o incluso en Tokio en menos de dos décadas. Este colapso acelerado, operando en el contexto de sistemas de protección social menos robustos que los del mundo desarrollado, presenta un riesgo social inminente, dado que el envejecimiento poblacional ocurrirá antes de que estas naciones alcancen los niveles de riqueza necesarios para sostenerlo adecuadamente. Desde la gestión sanitaria, la reducción de la escala poblacional plantea desafíos enormes que incluyen la obsolescencia de los servicios obstétricos, perinatales, pediátricos y escolares ante la falta de demanda, junto a una presión sin precedentes sobre los sistemas de seguridad social y programas para la tercera edad. La medicina enfrentará, por consiguiente, el desafío de asistir a una población cada vez más anciana y frágil con una base de profesionales de la salud y de contribuyentes cada vez más joven y reducida, una situación donde el optimismo tecnológico respecto a la inteligencia artificial difícilmente podrá mitigar la necesidad de interacción social y cuidado humano.
Los gestores de las políticas públicas deben proponer, por tanto, un cambio de paradigma hacia una planificación familiar bidireccional, garantizando tanto el derecho a no procrear —a través de la anticoncepción y la autonomía reproductiva— como la posibilidad efectiva de tener hijos en el momento y cantidad deseados. El objetivo de una política de sustentabilidad demográfica no debe ser la coerción ni la implementación de incentivos superficiales, sino la eliminación de los impedimentos financieros y estructurales que frustran el proyecto de vida de los ciudadanos. Para alinear las tasas de fecundidad con los deseos reproductivos, es indispensable fortalecer la seguridad económica mediante el incremento real de los salarios, la disponibilidad efectiva de viviendas accesibles para facilitar el acceso a un hogar, el acceso universal a los servicios de salud —incluyendo tratamientos de fertilización asistida accesibles para todas las familias que lo requieran— y la implementación de asignaciones y licencias parentales extendidas que no penalicen la trayectoria profesional de los progenitores.
En última instancia, el indicador definitivo del éxito de una sociedad no es el volumen bruto de nacimientos, sino el grado de seguridad que sienten sus ciudadanos para cumplir sus proyectos vitales. Transformar la actual cifra de confianza del 18% en un porcentaje cercano a lo universal representaría una victoria fundamental para la felicidad humana. Si se eliminan los obstáculos económicos que la limitan, la sostenibilidad demográfica podría recuperarse paulatinamente de manera natural, considerando que el promedio de hijos considerados ideales por la población se mantiene significativamente por encima del nivel de reemplazo. La profesión médica, como primera línea de escucha de las inquietudes reproductivas humanas, debe ser una voz activa en la defensa de esta agenda, garantizando que formar una familia deje de ser una opción de lujo para convertirse en un derecho efectivo, estable y accesible para todos.
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* La Revista de la Facultad de Ciencias Médicas de Córdoba (RFCM) es una publicación electrónica de acceso abierto editada por la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y alojada en el Portal de Revistas de la UNC. Su propósito fundamental es la difusión de trabajos originales e inéditos basados en la investigación y/o experiencias de la clínica, cirugía e investigación básica en medicina.** La editorial completa que publica Noticias Biomédicas obtuvo la aprobación del autor para su reproducción textual en SIICSALUD; la edición original integra la RFCM Vol. 83 Núm. 3 (2026); DOI: https://doi.org/10.31053/1853.0605.v83.n3
