Las consultas por trastornos ginecológicos o reproductivos durante la adolescencia permiten identificar una amplia población con riesgo aumentado de dolor pélvico crónico en la adultez. Los hallazgos respaldan el reconocimiento temprano y la evaluación integral de los síntomas pélvicos y menstruales juveniles antes de la instalación del dolor crónico.
Dolor pélvico persistente
El dolor pélvico crónico, definido por una duración mínima de seis meses, constituye un trastorno frecuente e incapacitante que afecta del 4% al 16% de las mujeres cisgénero y de las personas de género diverso con sexo femenino asignado al nacer.
La ciencia actual del dolor lo concibe como una afección compleja moldeada por factores biológicos, psicológicos y sociales, y reconoce un mecanismo nociplástico, vinculado con alteraciones en el procesamiento de las señales dolorosas del sistema nervioso. Los síntomas suelen exceder la patología pélvica identificable y coexisten con trastornos del sueño, molestias gastrointestinales, alteraciones del ánimo, fatiga y dolor multisitio, mientras que en la endometriosis los procesos inflamatorios locales no alcanzan a explicar por completo la cronicidad.
Las primeras manifestaciones ginecológicas y reproductivas surgen durante la adolescencia, aunque la dismenorrea, el dolor pélvico no cíclico y los síntomas intestinales o urinarios suelen normalizarse y recibir tratamiento episódico. Las evidencias poblacionales que vinculan la morbilidad ginecológica juvenil con el dolor pélvico crónico adulto permanecen escasas, dado que la mayoría de los trabajos epidemiológicos parte del diagnóstico en la adultez, en particular de endometriosis, sin explorar determinantes previos.
El artículo que publica la revista The Lancet Regional Health – Americas * evalúa la asociación entre la morbilidad ginecológica o reproductiva documentada en consultas médicas entre los 10 y los 18 años y la aparición de dolor pélvico crónico en la adultez. El ensayo también describe los patrones de comorbilidad y la utilización de servicios de salud durante la adolescencia; el texto persigue fines contextuales sin pretender la identificación de factores de riesgo generales ni establecer relaciones causales.
Cohorte poblacional emparejada
El trabajo consistió en un análisis de cohorte poblacional emparejada con datos administrativos sanitarios vinculados de Ontario, Canadá, que incluyó a personas de definidas con sexo femenino que cumplieron 18 años entre los meses de enero de 2008 y 2020.
Las participantes expuestas registraban antes de los 18 años, y por causas ginecológicas o reproductivas, al menos una consulta en urgencias o una internación, o dos consultas ambulatorias, Cada participante quedó emparejada con dos controles según año de nacimiento, ingresos barriales y ruralidad.
El seguimiento comenzó al cumplir 18 años y continuó hasta el diagnóstico de dolor pélvico crónico, la muerte, la pérdida de cobertura sanitaria o marzo de 2025, con ajuste por comorbilidad y uso de servicios durante la adolescencia.
La cohorte final reunió 466.560 personas, de las cuales 155.520 presentaban exposición, grupo con mayor carga previa de trastornos mentales (46,0% frente a 24,7%), dolor crónico no pélvico, morbilidad gastrointestinal (59,0% frente a 31,1%) e internaciones. El dolor pélvico crónico adulto apareció en el 29,6% de las expuestas y en el 16,2% de las no expuestas, con una diferencia acumulada que creció desde 9,4% y 13,2% a los cinco y diez años, respectivamente.
La exposición, luego del ajuste, mostró una tasa 41% mayor de dolor pélvico crónico, y los análisis de sensibilidad confirmaron la asociación según el ámbito de atención, al excluir eventos del primer año y al eliminar los códigos de dolor pélvico y dismenorrea.
Marcador de vulnerabilidad
Las consultas ginecológicas o reproductivas durante la adolescencia podrían funcionar a modo de marcador poblacional temprano de vulnerabilidad al dolor pélvico crónico, dado que las diferencias entre grupos surgieron en el inicio de la adultez y aumentaron con el seguimiento prolongado. La exposición refleja morbilidad documentada en el sistema sanitario y no síntomas en toda la población adolescente, de modo que las jóvenes con molestias similares que no buscaron ni obtuvieron atención quedaron clasificadas dentro del grupo sin exposición.
Los resultados del estudio aportan evidencia a una literatura creciente que caracteriza al dolor pélvico crónico por su heterogeneidad y su naturaleza multisistémica, con frecuente asociación con trastornos gastrointestinales, urológicos, musculoesqueléticos y psicosociales, y con mecanismos de amplificación y sensibilización central. La agrupación de trastornos mentales, dolor no pélvico, morbilidad digestiva y mayor uso de servicios sugiere que, en algunas personas, las afecciones ginecológicas juveniles integran una trayectoria amplia de vulnerabilidad al dolor y no un problema pélvico aislado o transitorio.
Una cohorte longitudinal británica vinculó la dismenorrea adolescente autoinformada con dolor crónico adulto. La coherencia con los hallazgos actuales, obtenidos mediante otra metodología y casi medio millón de participantes, refuerza la hipótesis de un período crítico.
Los trabajos poblacionales previos sobre endometriosis llevados a cabo en Ontario habían mostrado mayores riesgos de trastornos mentales, autolesiones, enfermedad cardiovascular y complicaciones obstétricas, aunque el análisis actual examina una ventana anterior al diagnóstico formal y adopta el dolor pélvico crónico incidente por desenlace. La asociación persistió después del ajuste por complejidad clínica y uso de servicios de salud, si bien los indicadores de utilización podrían reflejar la propia exposición, motivo por el cual la estimación expresa una asociación condicional y no un control completo de la conducta de búsqueda de atención.
Atención integral temprana
La adolescencia constituye un período clave para reconocer a las personas con mayor probabilidad de desarrollar dolor pélvico crónico, puesto que las consultantes por motivos ginecológicos o reproductivos enfrentaron casi el doble de incidencia acumulada durante la década posterior a la mayoría de edad.
Las jóvenes expuestas acumulaban, antes de cumplir 18 años, más diagnósticos de salud mental, dolor fuera de la pelvis, problemas digestivos y cirugías, junto con un contacto mucho más intenso con hospitales, consultorios y servicios de urgencia.
Según recomienda el trabajo, los médicos clínicos tendrían que evaluar cuisadosamente a las adolescentes que los consultan por síntomas pélvicos, menstruales o reproductivos, en lugar de considerar dichas presentaciones problemas aislados o meramente pasajeros. Los sistemas de salud y las políticas sanitarias, en opinión de los autores, antes de la consolidación del cuadro crónico, deberían otorgar prioridad a la salud menstrual y al dolor pélvico juvenil, mediante vías de derivación claras y la aplicación de modelos integrados de atención.
Los autores ecomiendan que las futuras líneas de trabajo incluyan el seguimiento prospectivo de adolescentes con morbilidad ginecológica mediante medidas de dolor informadas por las pacientes, imágenes y marcadores biológicos, junto con la evaluación de los mecanismos implicados e intervenciones tempranas capaces de modificar la evolución.
La identificación precoz, en definitiva, ofrecería una oportunidad concreta para interrumpir trayectorias de dolor persistente que en la actualidad y durante años, permanecen invisibles, ocultas detrás de la normalización social de los síntomas menstruales y la atención fragmentada.
El artículo precisa las limitaciones de la investigación:
los datos administrativos registran el uso de servicios y no los síntomas, ni la intensidad del dolor y la discapacidad funcional;
la cobertura abarcó solo residentes de Ontario con seguro provincial estable;
existe posible clasificación errónea de la exposición y del desenlace;
la exposición depende de la búsqueda y el acceso a la atención;
persiste la posibilidad de confusión residual;
el estudio carace de datos correspondientes a razas y etnias;
los resultados no permiten identificar los diagnósticos específicos implicados ni establecer causalidad.
* The Lancet Regional Health – Americas
Gynecologic and reproductive morbidity during adolescence and subsequent chronic pelvic pain in adulthood: a population-based matched cohort study
Shay M. Fregera,c ? Olga Bougieb,c ? Maya Djerbouac ? Maria P. Velezc,d,e ? Mathew Leonardia
6 de octubre, 2026
Filiación de las autoras y autores:
a- McMaster University – Department of Obstetrics and Gynecology, Hamilton, Ontario, Canadá.
b- University of Toronto – Department of Obstetrics and Gynecology, Toronto, Ontario.
c- ICES Toronto.
d- McGill University – Department of Obstetrics and Gynecology, Montreal, Quebec, Canadá.
e- The Research Institute of the McGill University Health Centre, Montreal.
