Ilustración artística: Dayron González, Reflexión, acrílico sobre tela, 2012.
El juego de riesgo infantil al aire libre muestra asociaciones prometedoras con la salud, en particular en las áreas física, mental, social, cognitiva y de competencia ante el riesgo; el juego brusco, por su parte, aparece vinculado con mayor agresividad.
La escasez de estudios en algunas áreas y la calidad entre baja y moderada de la evidencia, limitan la firmeza de las conclusiones y señalan la necesidad de diseños más rigurosos, longitudinales y con poblaciones diversas.La revisión sistemática Outdoor risky play and health-related outcomes in children… que publica la revista Plos One * presenta metodologías mixtas que estudian el vínculo entre juego de riesgo al aire libre y salud infantil. El segundo propósito mapea los hallazgos en niños de 3 a 12 años según el tipo de exposición, con el fin de identificar dónde la evidencia resulta consistente y convergente, dónde aparece emergente o incierta, y dónde persisten vacíos significativos.
Riesgo y desarrollo
El juego de riesgo constituye una forma de juego libre, emocionante y vertiginosa, con elementos de incertidumbre y posibilidad de lesión física, que incluye trepar a alturas, desplazarse a gran velocidad, manipular herramientas o explorar entornos desconocidos sin supervisión adulta. Conviene distinguir entre riesgo, una situación que el niño puede percibir y evaluar, y peligro, amenaza que supera la capacidad propia de reconocimiento o manejo, pues los chicos buscan activamente desafíos según su propia percepción de incertidumbre.
Los ambientes naturales favorecen tales experiencias, aunque el uso extendido de pantallas, las actividades estructuradas y las normativas de seguridad cada vez más restrictivas, junto con actitudes sociales sobreprotectoras, redujeron las oportunidades para jugar con riesgo.
Una revisión sistemática publicada en 2015, con 18 estudios, documentó -con evidencia de calidad entre muy baja y moderada- asociaciones positivas con la actividad física y la competencia social, además de beneficios generales que superaban los posibles riesgos.
La producción de literatura científica creció desde entonces junto con políticas y guías que promueven el juego libre, pero gran parte de los trabajos trató el riesgo como una exposición única e indiferenciada y omitió las vivencias de niños y cuidadores.
Estudios y hallazgos
Investigadores de Canadá, Reino Unido, Australia y Noruega revisaron cinco bases de datos electrónicas entre diciembre de 2023 y mayo de 2026 que complementaron con búsquedas de citas y una convocatoria a redes profesionales, y seleccionaron 74 estudios publicados entre 1988 y 2025. Sobre el total, 48 trabajos eran cuantitativos, 19 cualitativos y siete mixtos, en especial realizados en Canadá, Estados Unidos, Australia, Reino Unido, Noruega y Nueva Zelanda, con muestras que oscilaron entre cuatro y más de 13.000 participantes.
La calidad metodológica, evaluada con la herramienta MMAT, resultó alta en el 24% de los casos, moderada en la mitad y baja en el resto, con clara ventaja de los diseños cualitativos respecto a los cuantitativos con apenas cuatro calificados como sólidos.
La heterogeneidad impidió un metanálisis, razón por la cual el grup de investigadores aplicó un recuento de votos ajustado, una síntesis cualitativa por marcos y un proceso de integración en pilares que graduó la fuerza y la dirección de cada asociación.
El juego de riesgo general y los entornos que lo propician mostraron vínculos positivos con la salud física, mental, social y cognitiva, la competencia ante el riesgo y un perfil favorable de lesiones, en general menores, del tipo de raspones o moretones.
La movilidad independiente, entendida como la libertad de circular sin adultos, exhibió una asociación consistente con mayor actividad física, mientras que el juego brusco arrojó resultados inconsistentes, salvo una relación con más agresividad sustentada en estudios antiguos y de baja calidad.
Interpretación de la evidencia
La calidad de los datos continúa como principal limitación del campo, puesto que la evidencia cualitativa resultó más coherente y sólida, mientras la cuantitativa, más irregular, restringe en ciertos dominios la confianza en las asociaciones observadas.
El vínculo entre movilidad independiente y actividad física representó el hallazgo más robusto, probablemente porque ambas variables admiten mediciones sencillas y homogéneas; los autores señalan la conveniencia de extender el análisis a la fuerza muscular, el control motor y las habilidades de movimiento funcional.
Los beneficios sobre la salud mental, la autoconfianza, la resiliencia y la autorregulación provinieron sobre todo de testimonios cualitativos; la divergencia con los datos numéricos quizá refleje herramientas centradas en déficits, más que una diferencia real en el efecto.
La asociación entre juego brusco y agresividad podría constituir en parte un artefacto metodológico, dado que los protocolos de observación anteriores a 2011 no captaban las señales recíprocas de consentimiento, expresadas mediante gestos y vocalizaciones, diferenciadoras de la lucha lúdica y real.
Los acelerómetros no registran adecuadamente acciones de trepar, levantar o acarrear objetos, y los entornos complejos podrían inducir movimientos más lentos y cuidadosos, con menos actividad vigorosa pero mayor desarrollo del equilibrio, la fuerza y la orientación espacial.
Los resultados sociales dependieron mayormente de informes de padres o docentes, cuando la perspectiva infantil resulta clave para comprender la negociación de conflictos, y los cognitivos, ligados a la imaginación, la creatividad, el lenguaje y la resolución de problemas, carecen de corroboración numérica.
Un posible mecanismo vincula las lesiones menores con la mejor competencia ante el riesgo, capaz de reducir accidentes graves posteriores, aunque solo un trabajo cuantitativo abordó las lesiones y halló que el autocontrol infantil moderaba la relación entre exposición y daño.
Implicancias y perspectivas
El juego de riesgo ocupa un lugar singular en la vida infantil y ofrece vías potenciales hacia una mejor salud física, mental, social y cognitiva, si bien la evidencia permanece dispar, en especial respecto del juego brusco y su relación con la agresividad.
Los estudios cualitativos ampliaron de forma notable la comprensión de los beneficios, desde el disfrute y la autoeficacia hasta la resiliencia y la cooperación, y marcaron el rumbo que deberían seguir los futuros trabajos cuantitativos.
Resulta necesario desarrollar medidas validadas para constructos hoy explorados solo mediante entrevistas u observación, tales como el disfrute, la autoeficacia, la fuerza o el desarrollo social, e incorporar herramientas basadas en fortalezas y en el propio relato infantil.
La agresividad vinculada al juego brusco requiere investigaciones contemporáneas con protocolos de observación sensibles al consentimiento, que exploren también la relación con la regulación emocional dentro del contexto cultural y lúdico actual. Los dominios cognitivo, de competencia ante el riesgo y de prevención de lesiones demandan enfoques innovadores, entre ellos la realidad virtual, junto con registros sistemáticos de incidencia y gravedad de accidentes que cubran el vacío actual.
Los autores consideran que los diseños longitudinales y experimentales permitirían establecer vínculos causales y relaciones dosis-respuesta, en tanto que la inclusión de niños con discapacidad, residentes en países de ingresos bajos y medios, integrantes de comunidades indígenas o culturalmente diversas, ampliaría la validez de los hallazgos.
El papel de los raspones y golpes leves en el aprendizaje infantil, así como el impacto de prevenir toda lesión vinculada al juego, merece mayor atención, dado que la preocupación social por la seguridad constituye una barrera frecuente para el juego al aire libre.
El artículo especifica varias limitaciones del estudio:
la diversidad de diseños, poblaciones y mediciones impidió combinar estadísticamente los datos;
el recuento de votos ignora tamaños del efecto y precisión;
las conclusiones poseen carácter asociativo;
la búsqueda abarcó solo cinco bases de datos.
Otras restricciones incluyen el sesgo por disponibilidad de textos completos;
el sesgo de selección derivado de la convocatoria a redes profesionales;
el predominio de diseños transversales y muestras pequeñas;
la concentración en países de altos ingresos;
la subjetividad propia de los relatos cualitativos.
* Plos One
Outdoor risky play and health-related outcomes in children aged 3–12 years: A mixed-methods systematic review
Rachel Ramsden, Alethea G. Jerebine, Gemma Brailey, Ellen Beate Hansen Sandseter, Hebah Hussaina, Avril Johnstone, Bryony Longdon, G. J. Melendez-Torres,Rachel Nesbit, Mariana Brussoni, Helen F. Dodd
26 de octubre, 2026
Filiación de la primera autora:
Department of Pediatrics, The University of British Columbia, Vancouver, British Columbia, Canada, British Columbia Children’s Hospital Research Institute, Vancouver, British Columbia, Canada, Human Early Learning Partnership, School of Population and Public Health, University of British Columbia, British Columbia, Vancouver, Canadá.