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Mongolia, el país vecino de China, sin transmisión local de Covid-19
aSNC Ulán Bator, Mongolia 14 Julio, 2020

Mongolia, uno de los últimos países del mundo de cultura nómada, luce su exitosa estrategia contra la pandemia del coronavirus con un récord extraordinario: desde que empezó la Covid-19, no ha registrado ni un solo caso de transmisión local y ninguna muerte atribuida a la enfermedad.

País expuesto
Comparte fronteras con China y Rusia y mantiene estrechos lazos con Corea del Sur, país que aloja una población relativamente grande de trabajadores migrantes mongoles.
Pero la pequeña Mongolia, de 3,2 millones de habitantes, actuó rápido, de forma contundente y holística, con una estrategia alabada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) pero que no ha acaparado tanta atención internacional.

El vecino del sur
Es enero de 2020 y, cuando el mundo aún andaba despistado por la entrada de un nuevo año, en China se empieza a confirmar lo peor.

7 de enero: Pekín ratifica la existencia de un nuevo coronavirus; patógeno de la misma familia que el SARS, que a principios de los 2000 preocupó especialmente a Asia, dejando casi 800 muertos y más de 8.000 casos en el mundo, la mayoría en esa región.
20 de enero: las autoridades chinas confirman que el nuevo coronavirus, que acabaríamos conociendo como SARS-CoV-2, puede transmitirse entre humanos. Por ese entonces, había solo cuatro muertos confirmados en el país y unos 200 casos registrados.
En Ulán Bator, capital de Mongolia, reciben las noticias de su vecino del sur.
Cierre de escuelas (desde el 24 de enero), restricciones de movimiento desde China (desde el 31 de enero) y posteriormente cierre total de fronteras y suspensión de todo viaje aéreo internacional, ferroviario o por carretera. A ello, se sumó otra medida sin precedentes y controvertida: la cancelación de las celebraciones por el Tsagaan Sar, el Año Nuevo lunar mongol.
"Como resultado de estas medidas tempranas, el país fue capaz de ganar un tiempo muy valioso para fortalecer su sistema de] preparación", subraya la oficina regional de la OMS en Mongolia. Las claves, para el organismo, son claras: medidas tempranas y firmes, pero también un sistema de rastreo de casos para detectar los contagios lo antes posible, ubicar sus ramificaciones y frenar la transmisión con la participación ciudadana.
En esta pandemia, Mongolia puso a prueba un sistema que lleva construyéndose una década, tras el embiste del SARS a principios de los 2000 pero también de un nuevo virus de la influenza A (H1N1), que se convirtió en pandemia en 2009.
Entre los aspectos destacados de la respuesta de Mongolia, además del enfoque "que abarca a toda la sociedad", se distingue el sistema de vigilancia multisectorial, capaz de detectar cualquier incidente para emitir alertas a organismos sanitarios, medios de comunicación, informa la OMS.
Las autoridades abrieron líneas directas de comunicación y ampliaron sus intervenciones sobre la covid-19 "en una etapa temprana del brote" -añaden desde el organismo-, con sesiones informativas conjuntas entre el gobierno y la OMS por diferentes canales o redes sociales.

Y el público escuchó
"Por la capacidad del sistema sanitario de Mongolia, tanto el gobierno como el público han estado muy preocupados por el virus y la gente ha cumplido de manera obediente con todas las medidas", señala Baljmaa T., periodista de la agencia mongola de noticias, Montsame.
El uso de mascarillas, una práctica a la que, como ocurre con gran parte de la población asiática, los habitantes de Mongolia están acostumbrados, también es destacado por expertos en el país.
El gobierno requirió el uso de mascarillas en espacios públicos y por parte de funcionarios, trabajadores de bancos, tiendas o mercados desde enero, a riesgo de ser multados con US$54, mientras el personal sanitario y líderes comunitarios insistían en la importancia de esta práctica y el lavado de manos, subrayaba Gendengarjaa Baigalimaa, oncóloga en un hospital de la capital mongola, en un artículo para la Universidad de Stanford en mayo.
"Estas medidas ayudaron inmensamente a contener la propagación de la covid-19. También supusieron la drástica reducción del número de casos de gripe (…). Y otro beneficio inesperado fue la caída de infecciones gastrointestinales entre menores: los niños se estaban quedando en casa y lavándose las manos de manera idónea", detalló.
El primer caso de covid-19 se detectó en Mongolia a principios de marzo; se trató de un ciudadano francés que viajó al país vía Rusia y que se recuperó satisfactoriamente. Desde entonces y hasta el 13 de julio, se habían registrado 243 casos, todos ellos importados. En la sesión informativa diaria del Ministerio de Salud de hoy, el Director del Centro Nacional de Enfermedades Transmisibles D.Nyamkhuu informó que resultaron positivos 13 de las 168 testeos realizados el 13 de julio. De esa cantidad, 10 corresponderon a efectivos de mantenimiento de la paz evacuados de Afganistán el día anterior y 3 a personas en cuarentena. Del total de 243 casos de Covid-19 registrados en el país hasta el momento, 204 se han recuperado y 39 están recibiendo tratamiento en NCCD.
Desde la OMS reconocen que siempre existe la posibilidad de que haya casos que no se detecten, pero afirman que las fuentes disponibles apuntan a que no hay evidencia de transmisión comunitaria.
En un país como Mongolia, con la menor densidad de población del mundo (2 habitantes por km2), se podría pensar que es una tarea fácil, pero la situación es más compleja.
En la gravemente contaminada capital se concentra alrededor del 40% de su población total (más de 1,5 millones) y cuenta con conexiones directas y diarias a China y otros países de la región: solo hace falta un vuelo de dos horas para llegar desde Pekín a Ulán Bator; y de menos de cuatro horas desde Seúl.

Las consecuencias de las medidas
Pese al éxito contra la covid-19, la estrategia de Mongolia no ha sido bien recibida por todos.
Al cerrar rápidamente sus puertas al exterior, el país también bloqueó la entrada de sus propios ciudadanos, poniendo a miles en una situación muy complicada en medio de la pandemia. "El público está criticando duramente al gobierno por la lenta repatriación de sus ciudadanos en el extranjero, ya que mucha gente se ha quedado varada fuera del país desde febrero", explica Baljmaa.T.
Las autoridades pusieron en marcha un sistema de repatriación a través de la aerolínea estatal MIAT, con un duro periodo de cuarentena a la llegada: 21 días en un centro gestionado por el gobierno y 14 días en casa después. Casi 13.000 personas han sido repatriadas desde febrero, pero se calcula que otras 10.000 siguen a la espera de volver, informó Montsame.
Montsame informa que también arrecian las críticas por el duro golpe de las estrictas medidas en la vida diaria de la sociedad, desde la limitación de los horarios de apertura de restaurantes o bares hasta el cierre de museos, cines o la prohibición de que los niños estén en lugares públicos, que aún persiste pese a los buenos datos. "La prohibición de reuniones supuso un fuerte descenso de la actividad económica, especialmente para los pequeños comercios", explicaba Saranzaya Gerelt-Od, veterana investigadora de la Fundación Asia en Mongolia, en el podcast InAsia.

Con elecciones y sin fiesta pública nacional
Algunas escenas de actos de campaña electoral sin distanciamiento social provocaron el rechazo de la población, que este año también tuvo que ver como su otra gran fiesta nacional, el Festival Naadam, sufría restricciones.
Los llamados "tres juegos del hombre", que rememoran el imperio de Genghis Khan y celebran el día en que Mongolia se alzó como un país libre e independiente, terminan este 15 de julio (casi) sin público.
Pocos pudieron disfrutar las competiciones de tiro con arco, las peligrosas carreras de caballo protagonizadas por menores o la lucha de pesos pesados, que comúnmente atraen a personas de todos los puntos del país. 
Las escenas de esta colorida competición rememoran el pasado imperial mongol y es a esta etapa de su historia a la que algunos vuelven para explicar la victoria mongola contra el coronavirus.
"Hicimos lo mismo ahora que en los días de Genghis Khan. Los mensajes del gobierno desde Ulán Bator fueron rápidamente trasladados a los nómadas en las provincias más remotas", remarcaba en conferencia de prensa el doctor Chinburen Jigjidsuren, asesor especializado en asuntos de Salud del primer ministro. "El Ejército de Genghis Khan era muy disciplinado. Y esa disciplina ha llegado hasta nosotros", defendía. "Así que, cuando el gobierno da la orden de llevar mascarillas o quedarse en casa, la gente cumple".

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