Por Kai Kupferschmidt *
Tan pronto como se aprueben las primeras vacunas COVID-19, la enorme necesidad mundial encontrará suministros limitados. Muchos especialistas en salud aclaran cuáles son los grupos prioritarios y el orden en que deberían recibir las primeras vacunas: los trabajadores de la salud del mundo, las personas con mayor riesgo de enfermedad grave, los que habitan áreas donde la enfermedad se está propagando rápidamente y, finalmente, el resto de la población.
Sin embargo, el dinero y el interés nacional de los países centrales pueden ganar. Estados Unidos y Europa están haciendo pedidos anticipados de cientos de millones de dosis de vacunas exitosas, lo que dejaría poco para los pobres. "Estoy muy preocupado", dice John Nkengasong, director de Africa Centres for Disease Control and Prevention (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de África).
Para evitar este escenario, la Organización Mundial de la Salud y otras entidades han organizado el sistema COVID-19 Vaccines Global Access (COVAX) Facility para acelerar y distribuir equitativamente las vacunas.
El procedimiento busca atraer el registro de los países ricos para que reduzcan sus propios riesgos de apostar por candidatos a vacunas equivocados; sin embargo, al desarrollarse la idea sobre la marcha, no está claro cuántos de éstos países se unirán.
La historia reciente desalienta
Un cóctel de poderosos medicamentos antivirales revolucionó el tratamiento del VIH en Occidente en 1996, salvando muchas vidas, pero pasaron 7 años para que los medicamentos estuvieran ampliamente disponibles en África, el continente más afectado. "Eso fue catastrófico y la experiencia imborrable", dice Nkengasong.
Durante la pandemia de influenza H1N1 2009, los Estados Unidos y muchos países europeos donaron el 10% de sus reservas de vacunas a los países más pobres solo después de aprovisionar lo suficiente para sus propias poblaciones. "Demasiados tuvieron que esperar demasiado por muy poco", dice Richard Hatchett, CEO de la Coalition for Epidemic Preparedness Innovations (Coalición para las Innovaciones en Preparación para Epidemias) Preparedness Innovations, socio de COVAX.
Y ahora se repite: proteger a sus ciudadanos es la mayor preocupación de los países poderosos. El gobierno de los Estados Unidos firmó acuerdos por más de US$6 mil millones con varias compañías de vacunas como parte de la Operación Warp Speed, cuyo objetivo es proporcionar vacunas a la población local para enero de 2021. La Europe’s Inclusive Vaccines Alliance (Alianza Europea para la Incorporación de Vacunas) que integran Francia, Alemania, Italia y Holanda, celebró un acuerdo con AstraZeneca para comprar 400 millones de dosis de su vacuna para usar en los estados miembros de la UE. El Reino Unido también firmó acuerdos con la misma compañía y otras. China está desarrollando sus propias vacunas y aún no está claro qué tan pronto estaría dispuesta a compartir o si los intentos se acompañarán con políticas adjuntas.
La idea detrás de COVAX es invertir en aproximadamente 12 vacunas diferentes y garantizar un pronto acceso cuando estén disponibles. "El objetivo es tener 2 mil millones de dosis para fines de 2021", dice Seth Berkley, director de GAVI, Vaccine Alliance, tercer socio de COVAX: US$950 millones para países de ingresos altos y medios altos, 950 millones para países de bajos ingresos y países de ingresos medios bajos y 100 millones para "situaciones humanitarias y brotes que estén fuera de control". El 4 de junio se anunció un primer acuerdo de US$750 millones con AstraZeneca por 300 millones de dosis.
Berkley acepta que muchos países ricos harán sus propios acuerdos con los fabricantes. Pero suscribirse a COVAX además es una póliza de seguro, dice. Si las vacunas en que invirtieron no se materializan, tendrían acceso a otras a través de COVAX, aunque solo lo suficiente para el 20% de sus poblaciones. El dinero que inviertan se utilizará para garantizar precios más bajos para los países más pobres. Por separado, el Compromiso de Mercado Avanzado de COVAX está recolectando donaciones de los países de mayores ingresos. GAVI dice que COVAX necesitará US$ 2 mil millones en donaciones para pagar las dosis de la vacuna en 90 países. "Estamos tratando de hacer todo lo posible para tener un enfoque global porque creemos que es lo correcto desde el punto de vista de la ciencia y desde el punto de vista de la equidad", dice Berkley.
COVAX planea extender su propio riesgo invirtiendo en una variedad de estrategias de vacuna. Las vacunas de dosis única podrían ser más fáciles de administrar en los campos de refugiados, por ejemplo, mientras que un régimen de dosis doble podría funcionar bien en el consultorio de un médico europeo. Algunas vacunas se basan en nuevas tecnologías, lo que crea más incertidumbre sobre la aprobación regulatoria y la capacidad de fabricación. COVAX también espera obtener sus vacunas de compañías en diferentes lugares, para que ningún país evite exportarlas.
COVAX es una forma inteligente de tratar de mantener unidos los intereses de diferentes países, dice David Fidler, miembro adjunto de salud global en el Council on Foreign Relations (Consejo de Relaciones Exteriores). "La idea debería ser atractiva incluso desde el punto de vista del interés propio que a menudo tienen los gobiernos", dice. Si bien "conocen la realidad política", le preocupa que los países puedan dudar en inscribirse, y los que lo hagan incumplan el acuerdo una vez que comience la lucha por las dosis.
Hasta ahora, más de 70 países que planean financiar su propia vacuna expresaron interés en suscribirse a COVAX; para concretarlo deben anticipar el 15% del monto total para fines de agosto. Si lo harán o no es otra cuestión. Algunos países de la Unión Europea, que a menudo enfatizan la importancia de la solidaridad global, informaron que tienen la intención de donar dinero, pero que no pueden encargar las vacunas a través de COVAX.
Nkengasong dice que África también necesita explorar otras vías. "Damos la bienvenida al arreglo de la Instalación COVAX, pero no podemos esperar las discusiones en Ginebra", dice. "Tenemos que hacernos cargo de nuestro propio destino". En una reunión de la Unión Africana realizada a fines de junio, el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, pidió a los líderes que aseguren los suministros de vacunas para el continente y garanticen que las vacunas se fabriquen allí. Nkengasong dice que los gobiernos africanos se están acercando a los bancos para financiar acuerdos con compañías farmacéuticas similares a los firmados por Estados Unidos. "Para no quedar rezagados necesitamos unirnos como el continente de 1.300 millones de personas que somos".
Kate Elder, especialista en vacunas de la Campaña de Acceso de Médicos Sin Fronteras, considera que COVAX es quizás la mejor opción para una distribución equitativa de vacunas, pero considera que debería ser más transparente. “¿Cómo eligieron AstraZeneca? ¿Qué condiciones hay en el acuerdo con AstraZeneca si la empresa no cumple con los compromisos de volumen? pregunta. "No se conoce ninguna de las condiciones que la enmarcan ell acuerdo".
"Tanto COVAX como los gobiernos deberían asegurarse además que los productores de vacunas financiadas pongan sus datos a disposición de cualquier empresa que quiera usarlos'', agrega Hoen. "Estoy muy preocupada de que estén haciendo esto sin condiciones, que el conocimiento que se desarrolla con estos fondos públicos no esté disponible públicamente para que otros lo usen", dice.
Lo que más se necesita para que COVAX funcione es el compromiso político en los niveles más altos de los gobiernos, dice Alexandra Phelan, abogada de la Universidad de Georgetown, especialista en salud global. Sin "un gran esfuerzo internacional", por ejemplo, en las Naciones Unidas o en el G-20, es improbable que las primeras dosis de vacunas lleguen a quienes más las necesitan, dice Phelan. "Será lento, será inadecuado y habrá muertes innecesarias".
No tenía que ser así, dice Fidler. Durante mucho tiempo los profesionales especializados anunciaron que una pandemia devastadora podría llegar algún día, pero la comunidad internacional no acordó un mecanismo para garantizar el acceso equitativo a la vacuna contra la pandemia. Y concluye: "entonces, para un problema global totalmente previsible, esperado, previsto, no tenemos nada".
* Kai es corresponsal de la revista Science con sede en Berlín, Alemania.
