asnc.png


asnc.png
“No se controlan epidemias sin saber de Antropología, Historia y Urbanismo”
Hospital de Clínicas, Facultad de Medicina, Universidad de São Paulo Sao Paulo, Brasil 13 Agosto, 2020

Será necesario aumentar la cooperación internacional, la financiación y la realización de estudios en el área de la salud no solamente a cargo de investigadores de las Ciencias de la Vida, sino también de Humanidades. “No se controlan epidemias sin saber de Antropología, Historia y Urbanismo”, concluye Paulo Saldiva, participante de la investigación llevada a cabo en autopsias realizadas a víctimas del COVID-19. El estudio reveló que algunos de esos pacientes murieron fundamentalmente en razón de alteraciones cardiovasculares.
Los investigadores realizaron la anamnesis de quienes fallecieron como consecuencia del COVID-19 en el Hospital de Clínicas (HC) de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo (HC-FMUSP) al solicitar la autorización de sus familias para realización de las autopsias.
Las respuestas evidencian que casi todos los pacientes y sus familiares tenían pleno conocimiento del riesgo inherente a la enfermedad, pero no reunieron las condiciones como para mantenerse en aislamiento social. “Los familiares dijeron que no pudieron cumplir el aislamiento porque viven en sus casas junto a una gran cantidad de personas, a veces en un único ambiente”, comenta Saldiva.
Los datos sobre el origen de esos pacientes también refuerzan la constatación de que el riesgo de muerte por COVID-19 en Brasil es mucho mayor en regiones con peores indicadores socioeconómicos.

Las autopsias realizadas durante los últimos cuatro meses en alrededor de 70 pacientes diagnosticados con COVID-19 revelaron que algunos de ellos fallecieron fundamentalmente en razón de alteraciones cardiovasculares provocadas por el nuevo coronavirus y no debido a la insuficiencia pulmonar.

Saldiva continúa: “Ya sabemos cómo se distribuye el virus en órganos tales como el cerebro y los riñones, aparte de las glándulas salivales y las gónadas, por ejemplo, y que llega al sistema nervioso central a través del nervio olfativo. Ahora pretendemos dilucidar de qué manera causa trombos el virus en la micro y en la macrocirculación, de una manera mucho más exuberante que la del virus de la gripe, por ejemplo”. Las declaraciones de Saldiva se dieron en el marco de un debate online sobre la situación de la epidemia de COVID-19 en Brasil, realizado durante la Minirreunión Anual Virtual de la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC) celebrada en julio.

Entre los pacientes diagnosticados con COVID-19 y sometidos a autopsia había adultos y también niños con edades entre los 8 y los 11 años. 
“Tenían sus pulmones razonablemente preservados, pero desarrollaron una insuficiencia cardíaca sumamente intensa que derivó en la muerte”, continuó Saldiva.

En algunos casos, los investigadores detectaron la presencia del virus en el miocardio. En otros, observaron trombosis en la microcirculación tanto pulmonar como cardíaca.

“Pretendemos entender las causas de esta situación para poder ayudar e intervenir más rápidamente en el tratamiento de esos pacientes. Este es uno de los propósitos del proyecto”, afirma Saldiva.

Mortalidad segregada
“El riesgo de enfermarse de COVID-19 en Brasil no es tan segregado característicamente en las regiones de menor nivel socioeconómico, pero la mortalidad sí lo es, y existen dos factores responsables de esto: las viviendas y, fundamentalmente, la utilización del transporte colectivo en el desplazamiento para ir a trabajar”, afirma Saldiva.

El investigador hizo hincapié en que la densificación urbana y la migración constituyen los principales inductores de mutación de virus respiratorios, los cuales a partir del siglo XX pasaron a erigirse como los principales causantes de pandemias. 
Mientras que en el siglo XX hubo dos pandemias causadas por virus respiratorios –la gripe española entre 1918 y 1920 y la gripe asiática entre 1957 y 1958–, en el siglo XXI se han registrado dos pandemias por década. “Entre 2002 y 2004 ocurrió la de SARS, y en 2009, la de H1N1. En tanto, en el año 2012 sucedió la de MERS y, entre el final de 2019 y el comienzo de 2020, la de SARS-CoV-2”, comparó Saldiva.
“Es deseable contar con una vacuna para combatir estas enfermedades, pero esto es insuficiente. Será necesario contar con sistemas efectivos de testeo y detección de virus en todos los países”, sostiene.

Investigación+Documentación S.A. edita los contenidos científicos de saludpublica.com con procedimientos técnicos e informáticos propios.
Los documentos que integran la base de datos de saludpublica.com son provistos por prestigiosas fuentes científicas internacionalmente reconocidas y la agencia Sistema de Noticias Científicas (aSNC).
Copyright saludpublica© 1999-2022, Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC)