"El pueblo estadounidense merece saber que las decisiones por la COVID-19 se basan en la ciencia y no en la codicia personal", declaró Elizabeth Warren, senadora de EE.UU.
por Isaac Arnsdorf
El artículo de Arnsdorf fue traducido al castellano y resumido por la agencia Sistema de Noticias Científicas, brazo periodístico de SIIC.
El ejecutivo, Moncef Slaoui, es el principal miembro científico del programa Operation Warp Speed, OWS (Operación a la Velocidad de la Luz) que concentra el esfuerzo del gobierno estadounidense para desarrollar vacunas contra el coronavirus en tiempo récord. Slaoui fue elegido por el presidente Donald Trump para integrar OWS.
La ley federal requiere que los funcionarios del gobierno revelen sus finanzas personales y se deshagan de cualquier bien o propiedad relacionada con su trabajo; ante la imposición legal, Slaoui dijo que no aceptaba integrar OWS. A partir de entonces fue tratado como un contratista, modalidad que lo libera de las mismas reglas éticas de los funcionarios, pero le resta autoridad respecto a los que detentan plenos derechos.
La administración del gobierno de EE.UU. redefinió como "contratista" a Moncef Slaoui con la intención que sorteara las reglas de los puestos gubernamentales que combaten el lucro personal.
Si bien Slaoui acordó vender acciones por valor de US$12 millones y renunciar a la junta de Moderna -empresa desarrolladora de una vacuna potencial líder- insistió en mantener su participación de aproximadamente US$10 millones en GlaxoSmithKline, su antigua compañía, otro contendiente en la carrera de vacunas de la OWS. “No dejaré esas acciones porque ese es mi retiro”, declaró.
GlaxoSmithKline, en colaboración con Sanofi, inició ensayos en humanos para una vacuna contra el coronavirus que utiliza una tecnología similar a la vacuna de sanofi contra la gripe. Cuenta con el apoyo de hasta US$2.100 millones del gobierno de EE.UU.
Como concesión, Slaoui se comprometió a donar cualquier aumento en el valor de sus propiedades a los Institutos Nacionales de Salud (NHI, por sus siglas en inglés).
Sin embargo, el contrato de Slaoui con el gobierno especifica que la donación "puede ocurrir en la última muerte del empleado y su cónyuge". Slaoui tiene 61 años y su esposa 50. "Eso significa que vivirá su vida con esas ganancias", dijo Craig Holman, integrante de Public Citizen, entidad que presentó múltiples quejas éticas sobre el servicio de Slaoui. “Es claramente una evasión total” de la ley contra los conflictos de intereses, dijo Holman.
La Casa Blanca se negó a comentar. Una portavoz del HHS dijo que los oficiales de ética de la agencia determinaron que Slaoui, en su condición de contratista, cumplió con las reglas del departamento mediante la desinversión y renuncias a la junta.
"El pueblo estadounidense tiene la suerte de tenerlo (a Slaoui) como líder del esfuerzo del presidente Trump para descubrir vacunas, terapias y diagnósticos para derrotar al coronavirus", dijo la portavoz, Natalie Baldassarre, en un comunicado.
Durante su tiempo en GlaxoSmithKline, Slaoui dirigió el desarrollo de varias vacunas nuevas, incluidas algunas para prevenir el cáncer de cuello uterino, la malaria y el herpes zóster.
El HHS dijo anteriormente que Slaoui "no tiene participaciones en acciones adicionales en ninguna otra compañía involucrada en vacunas, productos terapéuticos y de diagnóstico desarrollados para combatir el COVID-19".
Pero además de las acciones de GlaxoSmithKline retenidas por Slaoui, los registros obtenidos por los demócratas de la Cámara revelaron que tiene una participación en otra empresa de biotecnología, Lonza Group, que no se había revelado previamente. La empresa tiene un contrato con Moderna para fabricar su vacuna contra el coronavirus. Slaoui renunció a la junta de Lonza antes de unirse a OWS, pero mantuvo sus acciones.
"El Congreso debe fortalecer las leyes federales de ética para erradicar este tipo de corrupción”, dijo la senadora Elizabeth Warren. “Y la primera persona en ser despedida debería ser el Dr. Slaoui. El pueblo estadounidense merece saber que las decisiones por la COVID-19 se basan en la ciencia y no en la codicia personal".
Existirían conflictos de intereses de otros tres asesores de la OWS: William Erhardt , Rachel Harrigan y Carlo de Notaristefani . Según los documentos, el HHS certificó que las empresas en las que los asesores tienen inversiones "no están involucradas en vacunas, productos terapéuticos y de diagnóstico desarrollados para combatir la pandemia COVID-19". Sin embargo, varias de las participaciones que los asesores enumeraron están en empresas que trabajan en vacunas, tratamientos y pruebas para el coronavirus.
Los registros existentes indican que Erhardt y Harrigan poseen acciones de Pfizer, el líder actual de la vacuna contra el coronavirus con un pedido anticipado de US$2 mil millones del gobierno. Erhardt también enumeró participaciones en Thermo Fisher Scientific, empresa fabricante de diagnósticos que obtuvo millones del gobierno federal por la producción de materiales de prueba de coronavirus; PhaseBio Pharmaceuticals, que tiene dos ensayos clínicos de medicamentos con posibilidades de tratar COVID-19 e Incyte Pharmaceuticals, compañía que también estudia un posible tratamiento.
El tercer asesor, de Notaristefani, informó un interés financiero en Teva Pharmaceuticals, fabricante del medicamento genérico hidroxicloroquina promocionado por Trump como un tratamiento para el coronavirus a pesar de carecer de apoyo científico.
"El HHS parece permitir que estos asesores mantengan sus bienes, junto con las ganancias, al certificar que 'el Gobierno ha determinado que' las empresas 'no están involucradas en vacunas, productos terapéuticos y de diagnóstico desarrollados para combatir la pandemia COVID-19'".
ProPublica aclara al finalizar la nota que Paul Sagan, presidente de la junta de la entidad, integra la junta de Moderna y es accionista del laboratorio.
SIIC
