Aún en fase preclínica, España cuenta al menos con una decena proyectos que buscan una vacuna desde diferentes perspectivas:
Investigadores del Centro Nacional de Biotecnología (CNB), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), inició los ensayos preclínicos con animales de un candidato a vacuna basado en una modificación de la que se usó contra la viruela.
En concreto, utilizan una cepa muy atenuada del virus Vaccinia (llamado MVA), de la familia del virus de la viruela, como vector viral para insertarle genes del nuevo coronavirus que puedan inducir una respuesta inmune adecuada frente al SARS-CoV-2. Tras unos primeros resultados esperanzadores, prevén que puedan comenzar los ensayos en humanos a finales de 2020.
En el mismo centro, otro equipo, trabaja en crear una vacuna a partir de una reconstrucción genética del propio coronavirus, atenuando y eliminando los genes más virulentos, y conservando aquellos que dan lugar a proteínas capaces de inducir una respuesta inmunitaria eficaz. No prevén comenzar los ensayos clínicos hasta finales de 2020.
Un tercer equipo de investigadores del CSIC del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas, está buscando una vacuna frente al SARS-CoV-2 basada en ADN recombinante. El grupo ya desarrolló una vacuna de estas características destinada a la leishmaniosis canina. Su previsión es terminar las pruebas preclínicas para finales de año, y comenzar después los ensayos en humanos.
Asimismo, hay otros proyectos que se están desarrollando en laboratorios españoles:
El Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) - Hospital Clínico de Barcelona coordina un proyecto que utiliza ARNm (ácido ribonucleico mensajero) para inducir la producción de anticuerpos frente al SARS-CoV-2. Gracias a métodos computacionales, los investigadores buscan identificar las partes del virus que inducen a la respuesta inmune más efectiva. Su objetivo es entrar en fase de ensayos clínicos este año.
El proyecto CoviNanoVax, de la Universidad Ramón Llull, busca una vacuna de ARNm (ARN mensajero) basada en nanopartículas poliméricas que actúan como vectores. Así, estas partículas serían capaces de encapsular material genético y transportar la vacuna hasta las células.
Un consorcio formado por el Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa, el Barcelona Supercomputing Center y el Centro de Investigación en Sanidad Animal del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias busca vacunas mediante VLP (del inglés Virus-Like Particles), que son partículas diseñadas en el laboratorio a partir de la estructura del virus pero sin capacidad infecciosa. Estas VLPs tendrán en su superficie la proteína Spike del SARS-CoV-2 para que, cuando se administren, el sistema inmunitario reconozca la proteína del virus y genere respuesta.
La Universidad de Santiago de Compostela coordina el desarrollo de dos proyectos de vacuna. El primero de ellos se basa en el ARN mensajero, con la particularidad de que emplea vectores peptídicos para el transporte de material genético.
El segundo proyecto, que se lleva a cabo en el Centro Singular de Investigación en Química Biolóxica e Materiais Moleculares (CiQUS), persigue el desarrollo de una vacuna en base a una nueva metodología que induce a que las células fabriquen microesferas capaces de albergar antígenos virales, que a su vez estimularían al sistema inmune.
La Fundación Miguel Servet - Navarrabiomed lidera el desarrollo de plataformas de vacunas contra el SARS-CoV-2, un proyecto cuya finalidad es mejorar la ingeniería de posibles vacunas. Tiene dos proyectos en marcha: uno basado en la inoculación de las proteínas del coronavirus mediante un adyuvante, y otro muy innovador que utiliza vectores lentivirales, empleados frecuentemente en terapias contra enfermedades genéticas. Este último se encuentra en fase preclínica y las pruebas en humanos no comenzarían hasta mediados de 2021, si los resultados iniciales son satisfactorios.
El Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaría (INIA) coordina un proyecto cuyo objetivo es utilizar un vector atenuado derivado de la vacuna de la viruela para insertar dos genes del SARS-CoV-2 y obtener así una respuesta inmunitaria completa. Las previsiones más optimistas contemplan que puedan empezar las pruebas en humanos antes de que acabe 2020.
La Universidad de Zaragoza trabaja con una posible modificación de una vacuna que ya se está desarrollando contra la tuberculosis, llamada MTBVAC. Se encuentra en las fases preclínicas finales, y ahora se está analizando su inmunidad específica frente al SARS-CoV-2.