Cerca de la mitad de los empleados y del personal sanitario de las residencias de ancianos sufrieron síndromes de ansiedad o de estrés postraumático a causa de la crisis del COVID-19, según un estudio realizado en el norte de Italia de reciente publicación.
Este trabajo es el primer estudio detallado sobre la prevalencia de síntomas psiquiátricos producidos entre los trabajadores de residencias o asilos de ancianos en Italia inmediatamente después del primer brote de COVID-19.
El estudio informa altos niveles de sintomatología de desórdenes por estrés pos-traumático (PTSD, según sus siglas en inglés) y / o ansiedad entre todos los trabajadores de asilos, con un mayor nivel de PTSD y síntomas de ansiedad en las mujeres y un mayor nivel de síntomas de PTSD en aquellos que estuvieron en contacto reciente con pacientes COVID-19 positivos.
Los autores no hallaron diferencia alguna manifiesta entre quienes cumplen diferentes funciones laborales; en realidad, en este entorno, parece que el personal de atención médica no es la única categoría que se ha visto afectada por la emergencia COVID-19.
Dado que todo el personal es parte de una comunidad unida que comparte altos niveles de angustia, todos los funcionarios a cargo de ancianos deben considerarse como grupo con elevado riesgo de síntomas psiquiátricos durante la pandemia de COVID-19; en consecuencia también precisan medidas adecuadas como intervenciones psicosociales y psicoterapéuticas en línea, que respeten las reglas del distanciamiento social y se adapten a sus necesidades específicas.
Las intervenciones para el bienestar mental de los trabajadores de residencias y asilos de ancianos deben implementarse rápidamente, con un enfoque particular en las mujeres y aquellos que cuidaron a pacientes con COVID positivo.
La Covid-19 es particularmente letal para los ancianos en general, así como para las poblaciones que residen en instalaciones dedicadas a estadías prolongadas.
En este momento, quienes trabajan y atienden a poblaciones de alto riesgo han estado expuestos a niveles muy intensos y repentinos de tensión física y psicológica.
En comparación con los hospitales, en los asilos las personas residentes y los trabajadores no hacen contacto con las mismas experiencias, medicamentos y equipos, limitaciones éstas que agravan una situación de por sí tensa.
En este estudio epidemiológico basado en encuestas, los autores probaron la prevalencia de ansiedad y sintomatología postraumática en enfermeras residenciales y trabajadores de residencias de ancianos, grupo de personas que pese a ser en gran parte desatendido, juega un papel muy importante y sensible en la sociedad.
El norte de Italia fue la región más afectada de Italia* y en la que se centró el trabajo durante el primer brote local de COVID-19; respecto a esta zona la prevalencia de ansiedad moderada a grave y / o sintomatología postraumática fue estimada en eun 43% (se = 3,09; IC del 95% [37-49]), con un 18% (se = 1,83; 95% CI [14-22]) de prevalencia de comorbilidad.
Los datos fueron computados entre el 15 de junio y el 25 de julio de 2020 (es decir 12 a 52 días después del final del cierre decretado a nivel nacional).
Las mujeres y los trabajadores que estuvieron en contacto con pacientes / colegas COVID-19 positivos tienen más probabilidades de informar síntomas de moderados a graves, con razones de probabilidad de 2,2 y 1,7, respectivamente.
Participaron en el estudio algo más de 1 000 personas, entre trabajadores y personal sanitario, de 33 establecimientos del norte de Italia, la zona del país más castigada por la COVID-19 en la primavera boreal.
Una de las autoras del estudio, Elena Rusconi, profesora en el departamento de Psicología y Ciencias Cognitivas de la Universidad de Trento, declaró a la agencia de noticias AFP que este personal representa “una población en gran medida ignorada” que “juega un papel muy sensible y crucial en nuestra sociedad y que ha tenido que cargar con un importante lastre a causa de la pandemia de COVID-19, de forma particularmente repentina y pesada”. El estudio fue publicado en la revista Royal Society Open Science.
Las cifras pueden explicarse por la multiplicación de los factores de riesgos de estrés, sumados al miedo de contraer el virus. Entre ellos, una fuerte proximidad con los residentes, que puede causar una carga emocional más importante teniendo en cuenta que las personas ancianas estaban muy expuestas a los desenlaces mortales de la COVID-19.
Las restricciones sanitarias también dieron lugar a tensiones, pues el personal debía gestionar las relaciones con las familias, que no podían visitar a sus parientes, y las anulaciones o restricciones de las actividades de grupo dentro de los establecimientos.
“El personal de estos establecimientos lamentó la falta de la información sobre el procedimiento para contener la propagación del virus, la carencia de medicamentos y de material de protección, la falta de personal y las dificultades para transferir a los pacientes enfermos de COVID-19 a los hospitales o para aislarlos dentro del establecimiento”, indicaron los autores del estudio.
* El norte de Italia incluye las siguientes áreas: Liguria, Lombardia, Piemonte, Valle d'Aosta, Emilia-Romagna, Friuli-Venezia Giulia, Trentino-Alto Adige, Veneto. El 46% de la población italiana reside en el norte.
