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El Papa a los movimientos populares: salario universal para los excluidos
aSNC Vaticano 20 Abril, 2020

"Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento", escribe el Papa Francisco Bergoglio en una carta.

Lo define "un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras". 

Mientras el mundo sufre la emergencia de la pandemia causada por el Covid-19 el Papa Francisco recuerda a los "hermanos y hermanas de los movimientos y organizaciones populares" con los que ha mantenido un diálogo desde el comienzo de su pontificado. Un ejército sin más arma que la solidaridad, la esperanza y el sentido de comunidad que reverdece en estos días en los que nadie se salva solo.

Pese a que el virus afecta a todos observa Francisco, son los pobres y los descartados los que pagan el precio más alto en estos días y lo pagarán en el futuro. Al reflexionar acerca de la dificultad que están teniendo para resistir en este momento, considera el Papa que tal vez ha llegado el momento de pensar en un salario universal para los excluidos.

El Papa Francisco habla también del modelo económico-financiero actual en relación con la emergencia: “Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad. Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir”.

“Sé que ustedes – agrega el Papa – han sido excluidos de los beneficios de la globalización. No gozan de esos placeres superficiales que anestesian tantas conciencias. A pesar de ello, siempre tienen que sufrir sus perjuicios. Los males que aquejan a todos, a ustedes los golpean doblemente. Muchos de ustedes viven el día a día sin ningún tipo de garantías legales que los proteja. Los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado. Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento ... y las cuarentenas se les hacen insoportables”.

“Tal vez sea tiempo de pensar – es la conclusión de Francisco –  en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y tan cristiana: ningún trabajador sin derechos”.

"Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento", escribe el Papa Francisco Bergoglio en una carta.

Lo define "un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras". 

Mientras el mundo sufre la emergencia de la pandemia causada por el Covid-19 el Papa Francisco recuerda a los "hermanos y hermanas de los movimientos y organizaciones populares" con los que ha mantenido un diálogo desde el comienzo de su pontificado. Un ejército sin más arma que la solidaridad, la esperanza y el sentido de comunidad que reverdece en estos días en los que nadie se salva solo.

Pese a que el virus afecta a todos observa Francisco, son los pobres y los descartados los que pagan el precio más alto en estos días y lo pagarán en el futuro. Al reflexionar acerca de la dificultad que están teniendo para resistir en este momento, considera el Papa que tal vez ha llegado el momento de pensar en un salario universal para los excluidos.

El Papa Francisco habla también del modelo económico-financiero actual en relación con la emergencia: “Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad. Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir”.

“Sé que ustedes – agrega el Papa – han sido excluidos de los beneficios de la globalización. No gozan de esos placeres superficiales que anestesian tantas conciencias. A pesar de ello, siempre tienen que sufrir sus perjuicios. Los males que aquejan a todos, a ustedes los golpean doblemente. Muchos de ustedes viven el día a día sin ningún tipo de garantías legales que los proteja. Los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado. Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento ... y las cuarentenas se les hacen insoportables”.

“Tal vez sea tiempo de pensar – es la conclusión de Francisco –  en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y tan cristiana: ningún trabajador sin derechos”.

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