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"Han fallecido personas de todas las edades", no solo personas mayores o con enfermedades subyacentes
Organización Mundial de la Salud (OMS) Ginebra, Suiza 12 Octubre, 2020

OMS, conferencia de prensa, 12 de octubre

Palabras de apertura del Director General de la OMS, Dr Tedros Adhanom Ghebreyesus. 

Conceptos esenciales redactados en castellano por la Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC)

En todo el mundo, y en especial Europa y América, estamos viendo un aumento en la cantidad de casos COVID-19. 
La OMS anhela que los países utilicen intervenciones específicas donde y cuando sea necesario, según la situación local. Entendemos bien la frustración que sienten muchas personas, comunidades y gobiernos a medida que la pandemia se prolonga y los casos vuelven a aumentar. 
No hay atajos ni soluciones mágicas. La respuesta es un enfoque integral, mediante la utilización de todas las herramientas posibles. 
En cada uno de los últimos cuatro días se han registrado el mayor número de casos notificados desde el comienzo de la pandemia. 
Muchas ciudades y países también informan de un aumento en las hospitalizaciones y la ocupación de camas en cuidados intensivos.

Casi el 70% de todos los casos notificados a nivel mundial la semana pasada fueron de 10 países, y casi la mitad de todos los casos fueron de solo tres.

Por cada país que está experimentando un aumento, hay muchos otros que han logrado prevenir o controlar la transmisión generalizada con medidas que continúan siendo la mejor defensa contra COVID-19.

El concepto de alcanzar la denominada "inmunidad colectiva" permite que el virus se propague. La inmunidad colectiva es un concepto utilizado para la vacunación, en el que una población puede protegerse de un determinado virus si se alcanza un umbral de vacunación.  Por ejemplo, la inmunidad colectiva contra el sarampión requiere que esté vacunada alrededor del 95% de la población; el 5% restante estará protegido por el hecho de que el sarampión no se propagará entre los vacunados. Para la poliomielitis, el umbral es de aproximadamente el 80%.

Es decir, la inmunidad colectiva se logra protegiendo a las personas del virus, no exponiéndolas a él. Nunca en la historia de la salud pública se ha utilizado la inmunidad colectiva como estrategia para responder a un brote, y mucho menos a una pandemia. Desde el punto de vista científico y ético es problemático.

Primero, no sabemos lo suficiente sobre la inmunidad al COVID-19.
La mayoría de las personas infectadas desarrollan una respuesta inmune dentro de las primeras semanas, pero no sabemos qué tan fuerte o duradera es esa respuesta inmune, ni en qué se diferencia en diferentes personas. Tenemos algunas pistas, pero no tenemos el cuadro completo. También disponemos de algunos ejemplos de personas infectadas por segunda vez con COVID-19.

En segundo lugar, la gran mayoría de las personas y de los países siguen siendo susceptibles a este virus.
Las encuestas de seroprevalencia indican que menos del 10% de la población ha sido infectada con el SARS-Cov-2. 
Permitir que el virus circule sin control significa, por tanto, permitir infecciones, sufrimiento y muerte innecesarios. Y aunque las personas mayores y aquellas con afecciones subyacentes corren mayor riesgo de sufrir una enfermedad grave y la muerte, no son las únicas en riesgo puesto que han fallecido personas de todas las edades.

En tercer lugar, recién empezamos a evaluar los impactos a largo plazo en la salud de las personas con COVID-19.
Para investigar sus rehabilitaciones y comprender sus sufrimientos y necesidades, nos reunimos con grupos de pacientes que padecen lo que en estos momentos se describe como “COVID prolongado”. 

Permitir que un virus peligroso que no conocemos por completo se active libremente es simplemente poco ético. No es una opción.

Este virus se transmite principalmente entre contactos cercanos y provoca brotes que pueden controlarse implementando medidas específicas. Es necesario persistir con las mismas herramientas que hemos defendido desde el primer día: encontrar, aislar, probar y cuidar casos, y rastrear y poner en cuarentena a sus contactos. Esto es lo que los países están demostrando que funciona, todos los días.

Las tecnologías digitales están ayudando a que estas herramientas de salud pública probadas y comprobadas sean aún más eficaces, como las aplicaciones móviles para respaldar los esfuerzos de rastreo de contactos.

Hay muchas herramientas a nuestra disposición: la OMS recomienda la búsqueda de casos, el aislamiento, las pruebas, la atención compasiva, el rastreo de contactos, la cuarentena, el distanciamiento físico, la higiene de las manos, las máscaras, la etiqueta respiratoria, la ventilación, evitar las multitudes y más.  

Reconocemos que, en determinados momentos, algunos países no tuvieron más remedio que solicitar quedarse en casa y otras medidas para ganar tiempo. Muchos países han utilizado ese tiempo para desarrollar planes, capacitar a los trabajadores de la salud, colocar suministros, aumentar la capacidad de prueba, reducir el tiempo de prueba y mejorar la atención a los pacientes.

La OMS tiene la esperanza de que los países utilicen intervenciones específicas donde y cuando sea necesario, según la situación local. Entendemos bien la frustración que sienten muchas personas, comunidades y gobiernos a medida que la pandemia se prolonga y los casos vuelven a aumentar.

No hay atajos ni soluciones mágicas. La respuesta es un enfoque integral, utilizando todas las herramientas posibles. Esto no es teoría: los países lo hicieron y lo están haciendo hoy con éxito.

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