Entre los pacientes hospitalizados por COVID-19, los antecedentes de insuficiencia cardíaca (IC) pueden asociarse con un mayor riesgo de ventilación mecánica y mortalidad, independientemente de la fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI).
Así lo considera un artículo publicado el 28 de octubre en la revista de la American College of Cardiology de los EE.UU. (Journal of the American College of Cardiology, JACC).
Jesus Alvarez-Garcia, MD, PhD, et al., efectuaron entre 27 de febrero y el 26 de junio un análisis retrospectivo de 6.439 pacientes ingresados ??por COVID-19 en uno de los cinco hospitales Mount Sinai de Nueva York pertenecientes al Sistema de Salud.
Las características clínicas y los resultados se obtuvieron de registros médicos electrónicos. Para los pacientes identificados con antecedentes de insuficiencia cardíaca según los códigos ICD 9/10, la abstracción manual del cuadro informó la etiología, la clase funcional y la FEVI.
Los resultados mostraron que, en comparación con los pacientes sin IC, aquellos que la tuvieron previamente experimentaron una estancia más prolongada (8 frente a 6 días), mayor riesgo de ventilación mecánica (22,8% frente a 11,9%) y mortalidad (40,0% frente a 24,9%).
Además, se encontró que los resultados entre los pacientes con IC eran similares independientemente del uso de la FEVI o del inhibidor de la renina-angiotensina-aldosterona.
“Si estos hallazgos se confirman en otras poblaciones, los antecedentes de insuficiencia cardíaca pueden ayudar a guiar el triaje en la presentación hospitalaria y potencialmente dictar terapias agresivas en el tratamiento de COVID-19”, concluyen los autores.
De acuerdo a otra investigación de COVID-19 publicada el 28 de octubre en J JACC: Clinical Electrophysiology, las clínicas de marcapasos pueden ser factibles y efectivas, con algunas ventajas sobre el monitoreo remoto durante la pandemia de COVID-19.
Zaki Akhtar, MBBS, et al., analizaron 316 pacientes que asistían a una clínica de marcapasos a través de un cuestionario que cuantificaba la satisfacción. Se pidió a los participantes con experiencia previa en la clínica de marcapasos convencional que compararan ambos servicios.
Los resultados mostraron que, al comparar las clínicas convencionales y de servicio, los pacientes obtuvieron puntajes excelentes promedio en señalización (5.36 frente a 5.5), presentaciones del personal (5.89 frente a 5.84), mantenimiento de la dignidad del paciente (5.94 frente a 5.94), minuciosidad de la consulta (5.93 frente a . 5,95) y capacidad de respuesta a todas las consultas (5,89 frente a 5,85).
Además, los que respondieron expresaron una mayor satisfacción con las instrucciones proporcionadas para la clínica convencional (5,59 frente a 5,7), pero estaban más contentos con la puntualidad del drive-through [NdeR: con la puntualidad del ´autoservicio con vehículo´] (5,93 frente a 5,84, respectivamente). En el subconjunto que experimentó ambos tipos de seguimiento del dispositivo, la mayoría de los pacientes prefirieron el drive-through (57,1%) sobre el formato convencional, mientras que el resto (21,2%) no tuvo preferencia.
Los investigadores concluyen que la forma del drive-through minimiza el riesgo de contraer COVID-19 sin comprometer la atención.
